17/8/11

¡Inténtalo de nuevo!

Caminaba sin un rumbo fijo, con la mirada perdida en el horizonte se adentraba en el vacio de su propia mente.
Sus pasos la dirigieron al lugar al que solía acudir cuando la tristeza y el miedo llamaban a su puerta.
Esperanza pensaba que jamás lograría superar las pruebas de acceso, la exigían una nota tan elevada, que el miedo atenazó su corazón y creyó con toda su alma que no lo conseguiría.
Dentro de tres meses tenía el examen que decidiría su destino. En esa prueba evaluarían sus conocimientos, así como sus cualidades y hobbies. "Esta tanto en juego" no dejaba de decirse.  
Se sentó en la hierba cruzando las piernas y cerró los ojos. Al poco tiempo sintió como una mano, la tocaba la espalada. Se dio la vuelta sobresaltada.
Detrás de ella había un hombre ya mayor, con el pelo blanco y lleno de arrugas. La sonrió.
-Disculpa niña, ¿puedo sentarme a tu lado?-pregunto con educación.
-Mmm…sí, ¡claro¡- respondió Esperanza, dubitativa.
Se quedaron en silencio, sin saber que decir. Esperanza, sabía que los ancianos muchas veces, se sientan cerca de gente que está sola con el propósito de hablar con ellos y pasar la tarde de forma divertida. En esos momentos, la mayoría, cuentan su vida, y rememoran  tiempos pasados, cuando España era diferente y la juventud no era tan alocada como la actual.
Ella decidió tomar la iniciativa, y comenzó hablar. No supo porque lo hizo, pero a aquel anciano le conto con pelos y señales, su situación. Quizás fuera por la presión emocional y psicologica a la que se veía sometida.
-Querida, ¿sabes?...Porque una vez no consiguieras la nota y no pudieras ir aquella academia de pintura, no significa que no puedas lograrlo ahora. Muchas veces, vivimos con el temor, y con el recuerdo aún caliente en nuestro interior de ese fracaso que nos hirió profundamente. Pero, hoy no es ayer, no vivas querida niña, apresada en recuerdos que te restan libertad. No pienses que no podrás y que nunca lo harás. No sigas condicionada por aquel recuerdo.
¡Inténtalo de nuevo!