29/12/11

Y las sombras...



                                          (Dedicada al 2011)
                                                                                               
                                                                     
-Ahmed, siento que me muero-susurro con los labios resecos.
-Resiste un poco más, pronto llegaremos, confía en mí- mintió, Ahmed.
Norah, apenas podía caminar, su cuerpo demandaba agua, necesitaba beber de ese líquido maravilloso para poder calmar su sed. Sus labios estaban agrietados, tenían pequeñas motitas de arena que el viento había depositado en ellos. El sol abrasador, se estaba llevando sus últimas energías así como su fuerza y su esperanza. Intentaron continuar.
-Norah, por favor, no te rindas-  imploró, con los ojos inundados en lágrimas, mientras ella se desvanecía en la arena ardiente del desierto.

El calor sofocante. El sol abrasador. La arena como el fuego. Y la sed…
Dunas infinitas. Un camino que parecía no tener fin. Y en medio de él,  Ahmed y Norah atrapados entre la vida y la muerte. Y la sed…Un sentimiento de impotencia era dueño de su ser, de su alma. Eran guerreros derrotados, abatidos por la falta de agua. Era su mente esclava de sueños imposibles, irreales. Sus labios llenos de grietas. Eran ojos delirantes, traicionados por su afán de gloria. Sin esperanza, sin salida. Locura. Ahmed y sus lágrimas, Norah y su ausencia. Y la sed…  Sus cuerpos heridos, un instante, y las sombras...(entra aquí)


(Feliz  Año Nuevo)

26/12/11

Me enamoró.

-I don´t speak Spanish- me dijo mirándome con sus ojos de aguamarina.
Qué problema pensé.  
-Yo no hablar inglés- dije usando una terminología sencilla, en indio apache como diría mi madre.
No ocurrió nada. Me observaba tras sus largas pestañas. Comencé a sentirme estúpido. Rebusque en mis bolsillos para hacerme el interesante, encontré el móvil. Las 14:30. Tenía hambre.
Ella seguía cada movimiento que hacía. Murmuro algo que no entendí. La mire y sonrío. Tenía una sonrisa bonita. Estaba sorprendido, y me extrañaba tanta casualidad. Ella. Yo. ¿Habría un nosotros?
-Bueno…mmmm. ¿Quieres venir conmigo y te enseño Madird?-pregunte esperanzado.
-Yes-contestó sonriente.
De repente me sentí feliz. Aunque no sepa hablar inglés sé que "yes" es "sí", lo típico que te enseñan en el colegio. 
La verdad es que no suelo tener suerte con las mujeres. Siempre que he pedido salir alguna chica me ha contestado con negativas. “Ahora estoy muy ocupada con los estudios, no tengo tiempo para chicos” el no más amable que he recibido. Otras, sin embargo no son tan benévolas: “no me gustas, eres ¿cómo decirlo?, horrible” esa era una bruja. Mejor no hablar de ella. “Estoy interesado en otro, lo siento” y así.
Decepción tras decepción. Supongo que no ha llegado la adecuada, tengo 22 años y soy un chico normalito, alto, de ojos negros, pelo rizado y oscuro, de inteligencia media-alta y conversación entretenida.
 El caso es que me ha dicho que sí. La razón de su aceptación la desconozco y si soy sincero, me importa, lo que es nada.
-¿Cómo te llamas?- su nombre, necesito saberlo.
-Yes- contesto divertida.
-Vaya hombre, no me entiendes…tu nombre, ¿cuál es?- volví a preguntar esta vez más despacio y gesticulando de forma exagerada.
-Yes, yes- y me cogió del brazo y caminamos a un Burger King. Nada más llegar se fue al servicio y me dejó solo, esperando. Cuando pensé que se había escapado por la ventana del baño, apareció con su melena rubia peinada, y con sus labios pintados de color rosa. Me agarro de la mano y me llevo a una mesa y me indico que me sentara. Se fue de nuevo y cuando volvió, trajo una bandeja llena de hamburguesas y dos Coca-Colas extra grandes.
Y sin más preámbulos, empezamos a engullir, como seres primitivos. Nos manchamos de kétchup y de mahonesa. La mitad de las hamburguesas, se nos caía al plato nos mirábamos y empezábamos a reír, como niños. Nunca me había sentido así de cómodo, era yo mismo. Esa chica era tan natural, me transmitía alegría, sencillez…y más cosas. Sin entender cómo y cuándo sucedió: me enamoró.  

                                                             
                                                                
(Memorias de un Enamorado
 *el verano en que te conocí)

11/12/11

Eliana

Aquel muchacho descansaba  recostado en su cama en una habitación en penumbra.
Había estado escribiendo horas antes una poesía a su amada.
Escucho el silencio de la noche mientras se arropaba con mantas roídas por los ratones y agujereadas por las polillas. De repente oyó ruidos extraños en el suelo de madera de pino. Encendió la vela.
Una sensación de asco le inundo por completo.
-¡Ratas! …-dijo entre dientes. Cogió su bota y se dispuso a asustarlas, cuando sintió alguien más a su lado.
-Robert, ¿qué haces?-dijo una joven de una belleza deslumbrante. Cabellos negros, caían por sus hombros, blancos como la nieve. Sus labios rojos entreabiertos, sonreían levemente, y su mirada azul como el mar le penetraba con profundidad el alma  que escondían  sus ojos.
Su cuerpo se insinuaba oculto entre su vestido de lino fino y se acercó a él.
Empezó a temblar.
-¿Quién eres? –logro murmurar y al instante se olvidó de las cucarachas.
-Robert… ¿no me reconoces?
-No, no sé quién eres…-dijo sin poder apartar la mirada de ella, se sentía atraído y confuso. Que bella es, pensaba mientras su cuerpo comenzaba a tener frio. Más frio. 
-Soy Eliana, me conociste hace mucho tiempo... Soy aquella chica que jugaba contigo a construir barquitos de papel,  y a pintar corazones en la arena de la playa. Te ayudaba a montar a caballo, y te defendía de los niños del hijo del tabernero.
La misma que inventaba historias sobre hadas y duendes que vivían en bosques encantados, sobre piratas y tesoros perdidos en islas en mitad del océano.
Soy aquella chica que te enseñó el valor de la humildad, y el peligro del orgullo…
¿Ahora me recuerdas?-preguntó mientras cogía su capa roja  y se tapaba. Miró como las velas se consumían lentamente.

-Sí…eres aquella chica que también me ensañó a soñar y a volar entre cuentos  y libros… ¿Sabes? Contigo aprendí a escuchar al corazón, a sentir el alma de la naturaleza y a apreciar la delicadeza de una flor. Eres la rosa que creía perdida.
Eliana se movía mientras hablaba, como si bailara entre nubes de algodón de azúcar, ligera y vaporosa. Se detuvo delante de la mesa y cogió la carta que estaba encima.
-No la cojas, ni se te ocurra leerla-ordeno Robert con la cara roja y el ceño fruncido.
Eliana le miró y adivinó lo que escondía su corazón.

¿Amor?

7/12/11

Alas rotas.


…el rastro que deja el dolor.
Lágrimas. Ausencia.
Cuando sabes que el final ha llegado, cuando sabes que ya no puedes alargar más la espera, cuando tu interior grita pidiendo que el dolor pare, cuando tu pecho no puede aguantar más las embestidas de tu corazón, es  entonces, cuando lloras. Lloras por la frustración de pensar que pudiste ser feliz con ella, pero te equivocaste. Lloras porque creíste amarla. Lloras por haber ilusionado su corazón con palabras mentirosas. Lloras por las horas perdidas. Lloras porque tú también te engañaste. Lloras por las canciones que alimentaron vuestra ilusión. Lloras por el vacio que te dejará su partida, ese vacío que ella llenó. 
La hechas de tu corazón y de tu vida, sabiendo los dos, que juntos ya no podréis volver a volar. 

Susurros del tiempo