13/12/12

Monstruos debajo de la cama

Pedrito, era un niño de 6 años y medio. Tenía la nariz respingona, la tez llena de pecas y ojos color caramelo. Pedrito tenía miedo a los monstruos que vivían debajo de la cama, al hombre del saco, a Papa Noel y al capitán Garfio. Dormía siempre con su pijama de Mickey Mouse, y abrazado a su osito Teddy. Después de que su mamá, le diera un beso de buenas noches, se acurrucaba en su cama, se tapaba con las mantas y cerraba los ojos muy fuerte hasta que se quedaba dormido.

Cuando el sol asomaba la nariz por las mañanas, Pedrito se levantaba, se ponía su bufanda color escarlata y salía a la calle a jugar. A veces, era un aviador que surcaba los cielos, atravesando las nubes con su avioneta de colores, otras era un astronauta que exploraba la Vía Láctea o un vaquero en el lejano Oeste.

Pedrito volaba entre las nubes que sabían a chocolate con almendras, con su sombrero de vaquero, y su avioneta de colores. Cuando se cansaba de ser aviador, se convertía en astronauta con una misión, recoger polvo de estrellas. Su mente creativa convertía la fantasía en realidad.

Pedrito transformaba, los palos en espadas, las calles en desiertos llenos de arena ardiente, las piedras en monedas de oro, los árboles en planetas, las personas en nubes de algodón de azúcar y los arbustos en gigantes.

A las cinco de la tarde, Pedrito con su bocadillo de Tulipán y miel se reunía con sus amigos de la escuela, y juntos jugaban a indios y a vaqueros. Las calles escondían los sueños de aquellos niños, testigos de sus risas y bromas.

Al atardecer, Pedrito volvía a su casa, con las mejillas sonrosadas, y los ojos brillantes arrastrando tras él la bufanda escarlata de su abuela. Le contaba a su mamá todos los viajes que había hecho durante el día y le narraba las mejores anécdotas, llenando cada espacio de su casa con su melodiosa voz de niño.

Pedrito era capaz de crear vida con tan solo jugar a imaginar.


Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino
(Pedrito con 5 años y su osito Teddy)
                                             

29/11/12

La gente dudaba de sus propias intuiciones, porque no tenían motivos para pensar que ...


La mujer que arrastraba el carrito de la compra lleno de cereales Special K, de leche y pasta, en cualquier otro supermercado hubiera parecido fuera de lugar. La melena castaña, cuidadosamente peinada le llegaba hasta los hombros, tenía el cutis perfecto, apenas unas suaves arrugas en la comisura de sus labios, grandes ojos castaños, figura esbelta y delicada. Vestía un traje azul oscuro con tacones altos y un bolso de Louis Vuitton a juego.

Se detuvo unos minutos en los congelados y eligió una caja de palitos de merluza Pescanova.

A pesar de su inmaculado aspecto era una mujer pendiente de su familia y puntillosa en las tareas del hogar. Le encantaba tener preparada la cena a su marido, jamás habían tenido cocinera ni siquiera cuando sus hijos eran pequeños. Tenía 40 años pero aparentaba 5 menos, al haber adelgazado 4 kilos en los últimos meses. 

Durante tres años había hecho diversas actividades de voluntariado con niños con cáncer en un hospital de Madrid. Había organizado importantes obras de beneficencia con el fin de recaudar dinero para niños heridos o con graves enfermedades. Con su carácter amable conseguía ganarse el afecto de todos cuantos la rodeaban y sobre todo el de los niños a los que ayudaba. De ella emanaba algo conmovedor, casi triste, como si hubiera conocido grandes desgracias. 

Vivía enfrente del Retiro, en la calle Doctor Esquerdo, número 59. Emma Ruíz, había convertido su apartamento en un hogar cálido y lleno de afecto. Sus hijos la elogiaban con lo “perfecto” que estaba todo, la hacía bromas y reían encantados al encontrar todo en su sitio,  su marido la abrazaba con ternura diciendo que se había casado con una mujer diez. Se sentía muy afortunado.

No había más que mirarla, elegante, con estilo. Siempre bien vestida. Bolso y zapatos a tono. Sin embargo a pesar de lo que a simple vista pudiera parecer, no era ostentosa ni tampoco había vanidad en su mirada. Era sencilla en el glamur.

Simplemente, le gustaba la perfección y como muestra de ello había animado a sus hijos a que persiguieran desde niños sacar excelentes notas, en el colegio, en los deportes, en el conservatorio. Su marido era más firme en esto. Abogado de una famosa firma en Madrid, no consentía la pereza en su hogar. Por rígida que pareciera su madre, era él quien en realidad presionaba a todos, a su mujer e hijos.

La vida de Emma Ruíz era maravillosa en apariencia, tenía todo lo que una persona pudiera desear, sin embargo había una sombra de tristeza en su mirada, un vacío oscuro y penetrante en sus ojos castaños.  

Al estar cerca de ella, se podía percibir una nota de autocompasión y soledad en su persona. La gente dudaba de sus propias intuiciones, porque no tenían motivos para pensar que Emma se pudiese sentir triste o sola, pero así era. Tras su elegante fachada había algo trágico en aquella mujer.

El cajero la sonrío y preguntó:
-¿Qué tal la semana Emma?, ¿Cómo estás hoy?

9/11/12

Tenía guardado en un libro todas las historias que había compuesto con su teclado...


Sus melodías no tienen principio, no tienen final simplemente existen en su sonrisa, en sus pupilas negras como la noche, en sus suaves arrugas y en sus largos y afilados dedos.

Cada mañana bajaba las escaleras del metro de Plaza Elíptica, se sentaba en su silla plegable y empezaba a tocar sus historias en un viejo teclado. Sus dedos corrían por las teclas, conjugando cada nota en una suave y profunda melodía. Sus ojos negros observaban el devenir de las personas, y en contadas ocasiones sus labios se permitían dibujar una sonrisa, dejando entrever sus dientes. Sus manos traducían a música lo que su imaginación iba elaborando. Y de este modo escapaba del tedioso frenesí del tiempo y ganaba unas monedas.

Tenía guardado en un libro todas las historias que había compuesto con su teclado. Tenía historias que narraban la magia de un primer beso, los secretos que esconden los colores del arcoíris. Tenía historias que hablaban de sueños hechos realidad, de mundos encantados, dónde los árboles y los animales hablan, de hadas con purpurina en las alas, de gnomos que viven en setas rojas y de duendes irlandeses, escurridizos y de piel verdosa. Tenía historias que contaban las aventuras de los piratas del sur y otras las de los niños montados en hombros de gigantes. Sus historias favoritas eran aquellas que hablaban de su vida, de sus sueños de cuando era niño, de París, y de su primer y único amor. Eran luces errantes, sombras del pasado. En los días de lluvia tocaba historias que reflejaban las injusticias que intenta esconder el mundo, sus dedos presionaban las teclas con fuerza, arrancando las lágrimas a las notas que componían la historia.  

Le gustaba tocar para ellos, para jóvenes estudiantes extenuados por la necesidad de construir proyectos a partir de la nada, preguntándose si realmente habrá un futuro en el mañana, para trabajadores debatiéndose entre pensamientos encontrados, quizás preocupados por su empleo, quizás por sus hijos y el mundo en el que les ha tocado vivir, agitados por esa crisis que les envuelve en sentimientos y emociones pesimistas,  para guardias de seguridad apoyados en las paredes, aburridos de su trabajo, somnolientos y con ganas de volver a la cama, para niños llenos de vida e ilusión, de sueños dulces y ositos de gominola.

Después de cada concierto en la estación, las lágrimas se enredaban en sus ojos y se derretían en sus mejillasEran lágrimas sabor melancolía.


Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino sueños música esperanza

31/10/12

Cuando no olvidas...


"Una violación no es un puño o un golpe, es un delito que nos destroza la vida
Reescribir la propia historia, cuando ésta es tan dolorosa, es a veces como un suicidio. Los psicólogos sustentan que es un proceso de duelo y que sirve para cerrar los capítulos nefastos.  A las víctimas nos lo repiten una y otra vez, y creo que serviría y sería útil para seguir adelante, si dicho proceso estuviera acompañado de justicia
Jineth Bedoya,  periodista colombiana  



-Oh Dios, ¡responde! ¿Qué te ha hecho?... ¿ha sido el cabrón que tienes por novio? ¡Dime algo!...- preguntó nerviosa.

-¿Por qué me ha hecho… esto?... Yo solo le dije que esta noche no… que no tenía ganas, que… me sentía mal… que me dolía la cabeza…-murmuro entre sollozos.

-¿Ha abusado sexualmente de ti?... ¿Te ha violado?-preguntó mientras la cogía de las manos.

Se quedaron unos minutos en silencio. Amaya pudo ver como de sus ojos azules brotaban las lágrimas y caían silenciosas por sus mejillas.

-El viernes como de costumbre fui a su casa. Íbamos a ver una película, una comedia romántica. Me encontraba un poco mal pero tenía muchas ganas de verle. Había tenido una semana agotadora y me apetecía relajarme y desconectar del mundo por unas horas. Nos acurrucamos en el sofá y al cabo de media hora… me empezó a besar el cuello. Al decirle que no me apetecía, no sé, se volvió loco… Me dio mucho miedo, jamás le había visto antes así. Me obligó por la fuerza a tumbarme en el sofá, y se subió encima de mí. Al ver que me resistía, me pegó un puñetazo en los labios. Me hizo sangre. Grite. Y me volvió a pegar. Me decía que me callara, que me estuviera quietecita. Le pregunte que porqué me hacia esto y él me contestó, que nunca más le volviera a decir “que no tenía ganas” que yo siempre tenía que decirle que sí. Me cogió del cabello y me obligó a mirarle los ojos. Me tiró tan fuerte que creí que me lo iba arrancar de raíz. Me preguntó gritando “¿Me vas a volver a decir que no? ¡Eh!” al ver que no contestaba, me dio un tortazo. Y acerco a un más su cara a la mía. Me dio tanto asco que le escupí en los ojos. Y a partir de entonces, la furia se apoderó de él. Después de limpiarse el escupitajo, intentó morderme los labios ensangrentados. Me volvió a golpear. Dirigió sus puños a mi estomago. A penas podía respirar. Me pegó varias veces en el mismo lugar. Le dije que parara. Que me estaba matando. Me dolía tanto…Y entonces, me abrió de piernas, me quito las bragas y me penetro, una y otra vez.
Al acabar su relato, empezó a gemir. Amaya la abrazó y la dejó llorar sobre su hombro. De vez en cuando sentía como su cuerpo temblaba entre sus brazos.

-Le vamos a meter en la cárcel, ¿vale mi niña?-

19/10/12

La princesa olvidada


Había llegado el otoño con sus lluvias llenas de soledad y sus cielos nublados. La princesa se asomó como de costumbre a la ventana para contemplar los parajes que escondían su torre. En su corazón aún latía la esperanza de ser rescatada por el príncipe de sus sueños. Y una vez más sus ojos solo vieron vacío. Se alejó de la ventana y camino despacio por la habitación, cuando los tacones empezaron hacerla daño se los quitó, y con sus pies desnudos anduvo por la cárcel que apresaba su libertad. Empapada en llanto se preguntaba por qué su príncipe no venía a rescatarla, “estoy aquí, por favor, no te olvides de mi” decía. Los días pasaron y ella sentada en la ventana le esperaba con su mirada fija en el horizonte anhelando ver a su príncipe amado.

Al darse cuenta de que la vida se estaba escurriendo entre sus dedos, tomó una decisión: rescatarse así misma. Antes de que los años, se anidaran en su pelo, en sus labios y arrugaran y envejecieran su juventud. No necesitaba príncipes montados en corceles blancos, vestidos con armaduras y portando afiladas espadas. Con su astucia y su valor, lograría salir de la torre y caminar a la libertad. No dejaría que la soledad, que la irrealidad de un amor perfecto consumiera su espíritu. La vida corría por sus venas. Su espíritu soñador y su alma luchadora gritaban libertad. Ya no la importaba haber sido olvidada por su amor. Ella sola descubriría el acertijo que abriría la puerta en la pared y rompería el hechizo de la bruja.  

Y la princesa olvidada logró salir de la torre sin ayuda de ningún príncipe encantador. Había descubierto emocionada que no necesitaba ser rescatada por  un joven con armadura. Ella podía hacerlo sola. Y aquella revelación la hizo sentirse libre. ¡Tantos años derrochados… esperando a que viniera su príncipe y diera sentido a su cárcel!




-Yo, la princesa olvidada me he rescatado a mi misma y ¡soy libre!-dijo con esa sensación de quien llora de alegría por primera vez- Y por fin hoy puedo decir... Adiós a la torre de la soledad y a las lágrimas derramadas sobre aquella ventana, a las ranas que se convierten en príncipes y en princesas y a las noches sin dormir, adiós a los dragones y a los príncipes azules, a los cuentos de hadas y a los bosques encantados, adiós a los sueños de un amor idílico, a las maldiciones de las brujas envidiosas y a los besos hechizados....-murmuro con voz entrecortada mientras las palabras resbalaban por su piel.

4/10/12

1943


Los gritos de dolor se oían en todo el edificio. Se colaban entre las grietas de los muros, entre los resquicios de las puertas.  

La joven estaba en mitad de la habitación con su cuerpo desnudo atado a un pilar. La habían estado torturando hasta dejarla inconsciente. Tenía la cara desfigurada y manchada de sangre. El brazo le colgaba en una posición grotesca, la faltaba el dedo gordo del pie junto con las uñas de la mano derecha. Y en el resto del cuerpo el morado de las contusiones había sustituido el blanco natural de la piel

Robert se sentía frustrado. No había logrado hacerla hablar. Necesitaba saber sus nombres y el lugar donde vivían. Esta vez la había torturado más despacio y de forma más inteligente buscando aquellos lugares del cuerpo donde aguantar el dolor era insoportable. Suspiró, torturarla le había dejado exhausto. El sudor le pegaba la ropa al cuerpo. La observó detenidamente y la inspiró lástima. Un cuerpo tan bello y mutilado de esa manera.

El teniente Robert era un rígido e imperturbable alemán de clase trabajadora que había ascendido por sus heroicos e incondicionales servicios al régimen nazi. No era la primera sesión de tortura que realizaba. Salió de la habitación y pidió a sus hombres que trajeran un médico. 
-¿Qué miráis inútiles?- pregunto colérico.

Al abandonar la habitación una sensación de ahogo le embargó por completo. Caminó apresuradamente hasta al baño y se mojó la cara. Desesperanzado observó su rostro en el espejo. Al cabo de unos segundos vomitó en el lavabo. El recuerdo de su cara congestionada por el dolor, sus lágrimas y sus gritos desgarradores suplicando la muerte le retorcieron las tripas.
-¿En qué me he convertido?- aulló mientras pegaba un puñetazo al cristal. 



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11/9/12

Tenía grabadas en su alma las coordenadas correctas que guiaron su vida


Siglo XIX

Y nunca más volvió. Se alejó con los ojos empapados de esperanza, llevando consigo un puñado de sonrisas tristes y recuerdos enquistados en su corazón. En su memoria aún latía caliente el recuerdo de sus hermanos gritándole “adiós”, a su madre con el alma desencajada y sus ojos anegados en lágrimas susurrándole palabras de amor y cariño. Su padre sereno le miraba partir sin decir nada. Aquella familia acepto que Córdoba era una ciudad demasiado pequeña para tanta ambición. Su mente brillante necesitaba nuevos estímulos y grandes desafíos. Sus estudios universitarios le habían abierto un campo de posibilidades que para la gente corriente de Córdoba les era imposible si quiera imaginar.
Le dijeron que en España había trabajo y que sobraba el dinero. Lleno de ilusión se fue de América cruzando el Atlántico con una maleta llena de sueños e ilusiones.
Soñaba con un trabajo con el que poder mantener a su familia, con un futuro para sus hermanos, con pan en la mesa y dinero en los bolsillos, con protección y justicia. Anhelaba una tierra mejor que la de sus padres. Sus expectativas superaban sus miedos y sus sueños tenían tanta fuerza como la de un mar embravecido. El fuego que ardía en sus pupilas sorprendía de tal manera, que decían: "Ese chico llegará lejos".

Las tierras españolas se divisaban a lo lejos. Al desembarcar en el puerto de Cádiz se mezclo entre la gente perdiéndose en medio de la multitud. Entre sus manos tenía una carta de recomendación del capitán de La Española. Aquella carta era su pasaporte a la felicidad. El capitán la había escrito por propia voluntad. Quería echarle una mano. El joven le recordaba sus tiempos de juventud, su espíritu infatigable y soñador eran parecido al suyo y sus ganas de superarse a si mismo eran iguales a las suyas. Con el corazón en un puño se acercó a la sucursal en Cádiz del banco Isabel II. Al entregar la carta, le atendieron y le explicaron que el capitán era un gran accionista del banco y que por tanto cualquier proposición o demanda sería considerada. Al finalizar el proceso de evaluación, le propusieron una oferta de empleo como administrativo, el joven aceptó y de este modo inicio su carrera profesional. 
Su esfuerzo y dedicación le hicieron ascender hacía posiciones de mayor responsabilidad. Su carrera profesional superó las expectativas de sus progenitores. Gracias a sus ideas innovadoras el banco Isabel II adquirió grandes sumas de dinero. Y por ello no tuvieron más remedio que aceptar que su nombre creó leyenda.

10/8/12

Ella pertenecía al viento...


A simple vista parecía altiva y distante, sin embargo desconocían que aquella chica caminaba con una máscara de cristal, que la protegía de todo dolor, dotándola de esa frialdad y arrogancia características. Tras su máscara se sentía poderosa, segura y preparada para enfrentarse a las personas. No hablaba con nadie, siempre fría observaba con su mirada desafiante el movimiento que desprendía el vivir del ser humano. Con sus ojos color aguamarina veía como el mundo se consumía por el odio, la envidia y el dolor, como las guerras quemaban la alegría, borraban las sonrisas y enterraban bajo tierra los sueños, como el rencor se instalaba en los corazones de las personas, esclavas del vicio, llevadas por la inercia y la superficialidad de una sociedad materialista. Y de esta forma los recuerdos tristes rasgaban poco a poco su alma.

En ocasiones se veía tentada a salir a la calle sin su máscara, simplemente con su rostro al descubierto sintiendo en su piel el dolor y el odio del ser humano. Pero ella era demasiado frágil para soportar la realidad. Se veía con la necesidad de proteger su mente, sus emociones y sentimientos. La realidad era demasiado triste y desgarradora, ella prefería vivir con el olvido, ignorando el dolor y  las lágrimas. Cada atardecer salía a pasear entre las calles llenas de oscuras y trémulas sombras. Las luces de las farolas escondían su cuerpo abrazado a la soledad, mientras las corrientes de aire acariciaban su melena salpicada de reflejos dorados.

Y entre sonrisas rotas huía de un mundo lleno anorexia afectiva, un mundo donde aquel que menos sabe es el que grita, un mundo donde los niños ni se inmutan si ven violencia, un mundo donde la televisión te dice que consumas y el gobierno te incita a todo lo contrario, un mundo donde los precios suben y los salarios bajan, un mundo donde los abogados convertirán a un criminal en un santo.  

Ella pertenecía al viento, no tenía raíces en ninguna tierra, no tenía amigos a los que extrañar, ni un corazón al que amar. Vivía intentando salir indemne de un mundo que la asfixiaba cada vez con más fuerza.

Así era ella, fuerte bajo su máscara de cristal pero frágil como un débil murmullo.

27/7/12

Corazón de acero.


Con dos trozos de hielo como pupilas y con un corazón de acero como brújula aquella mujer se desplazaba por la tierra ahorcando corazones. Su atractivo lograba seducir a millones de muchachos inexpertos en el amor. Atraídos por la frialdad que emanaba de su corazón atravesaban bosques encantados, luchando contra dragones y serpientes con lenguas viperinas.

Su frío y endurecido aroma le embriagaba. La contempló sereno y con los pies clavados en el suelo, comenzó a derretirse. Ella le clavó sus pupilas como si fueran dagas en el corazón. Perdió por un momento el sentido del tiempo y del espacio. El valiente muchacho se acercó con su sonrisa bailando en su joven rostro.

-He luchado contra todo aquello que se ha interpuesto en mi camino, he vencido y merezco mi recompensa... bella dama-logró murmurar.

Ella saboreando el calor que se desprendía de sus labios impregnados de deseo, le besó. La suavidad de su tacto fue como una descarga de adrenalina. Sus labios se mezclaron como si se trataran de dos gotas de lluvia que corrían presurosas por el cristal intentando alcanzarse la una a la otra. De repente sintió como su corazón dejaba de respirar, ahogándose por la falta de amor de su profundo beso. Sus labios estaban envenenados y su lengua estaba ahorcando su corazón. Pero no podía parar de besarla. Y así atraído por su embrujo asfixió su corazón. 


(Su corazón necesitaba respirar amor para vivir)

22/7/12

Querías ser un superhéroe...


"No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos"  Will Smith, En busca de la felicidad




Cuántas veces cerraste la ventana y ocultaste tus sueños bajo papel, cuántas veces cerraste los ojos llenos de sonrisas rotas para no ver, cuántas veces golpeaste tu corazón con lágrimas afiladas para que no sintiera. Querías ser un superhéroe, y volar entre las nubes surcando los cielos, querías probar el sabor de la aventura, vencer las tormentas llenas de olas, aguas y sal, anhelabas encontrar el amor y sumergirte en la magia de un beso. Pero el miedo detenía tus sueños, cobarde te llamaban. Las dudas se acumulaban en tus músculos, paralizando el movimiento de tus huesos, sellando tus labios con pegamento e inundado de palabras  incoherentes tu boca. Caminabas con la cabeza baja arrastrando tus fracasos y golpeando como si fueran piedras tus sueños. Te dijeron que no podrías hacerlo, que tu sueño era demasiado grande para ti. Te mintieron aquellos que te envidaban, y los creíste. Fallaste una vez y la derrota sumergió tu corazón en un río de titubeos. Tu corazón empezó a sangrar palabras llenas de tristeza y de incredulidad. Te ofrecieron nuevas oportunidades y las dejaste escapar. ¿Cuándo volverás a recobrar la fe en ti mismo? ¿Cuándo dejarás de atormentarte por tus fracasos? ¿Cuándo abrirás de nuevo la ventana para que tus sueños entren y se acurruquen en tu corazón?






14/7/12

Donde habitan los sueños...



Matilde balanceaba sus largas pestañas, cerraba los ojos y accedía con su imaginación al lugar donde habitan los sueños.  

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Matilde cuando se sentía que nadie la quería, triste o sola apagaba la luz de la luna o escondía el sol tras la cortina y empezaba a volar como si fuera un pájaro al lugar donde viven los sueños. Era un recorrido sencillo, tan solo necesitaba seguir los cascabeles que titilaban en la noche como si fueran estrellas fugaces, deslizarse por los colores del arcoíris  y cruzar las nubes de algodón de azúcar que se acumulaban en el  azul del cielo. La melodía de felicidad que recorría su espina dorsal al llegar de nuevo, después de haber experimentado en su piel el desprecio, las miradas altivas y los corazones orgullosos tenía un sabor dulce, era similar al de las galletas salpicadas con trocitos de chocolate. La luz que inundaba sus pupilas era como los rayos del sol que se reflejaban en el lago Léman los domingos por la mañana. Y con esa sensación de quien llora de alegría por primera vez Matilde recuperaba su sonrisa, su energía y vitalidad. Fotografiaba cada momento vivido en su memoria para  que cuando volviera a la realidad pudiera sentir al menos por un instante la electricidad y el magnetismo que desprendía el lugar donde moran los sueños.

26/6/12

Desde lejos yo te quiero con las lenguas de fuego



Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
No existe persona que me aleje de ti, no existe dolor que me pare y suspenda, no existe rencor que me enfríe, no existen lágrimas que ahoguen, no existe ciudad que me desvíe de ti, no existe paro cardíaco que detenga el sentimiento que se acurruca en mi corazón, no existen arcoíris que igualen el brillo de tu sonrisa, no existe espera que sea lo suficientemente larga, ya no existe ayer que impida amar.

Desde lejos yo te quiero con las lenguas de fuego. Desde lejos nos tenemos y pertenecemos. Desde lejos te hablo y susurro. Somos alma, cuerpo y corazón, dos sonrisas envueltas en lluvia.

Me tienes en el aire, y en el color negro de tus pupilas. Te tengo en mi taza de café. Me tienes en la atmosfera, y en el sentimiento. Te tengo en mi sonrisa y en mis letras. Me tienes en el eco de los mares y en la furia de la tempestad. Te tengo en mis pestañas y en las calles de Madrid. Me tienes en las personas que te rodean y en tus recuerdos y memorias. Te tengo en mis sueños y pensamientos. Me tienes en tus labios y en el fuego. Te tengo en el latido de mi corazón y en el aroma que desprende mi cuerpo.

No existe pasión que me aparte de ti, no existe fuego que incendie más que tus palabras, no existe error que me frustre, no existe tristeza que me apague, no existe tarde que no te recuerde y color que no dibuje tu nombre, ya no existe distancia que impida amar. 

22/6/12

Ancora

Amelie se despertó temprano. No era ninguna novedad, Amelie siempre se despertaba temprano. Desde que tuvo el primer niño su sueño dejó de ser profundo y progresivamente empezó a dormir menos. Niños. Si no te pedían a gritos y lloros  que les dieras de comer, se metían  en tu cama entre tu marido y tú. Amelie sentía que su vida había entrado en una espiral vertiginosa que la envolvía absorbiendo sus fuerzas y su ilusión. Su vida al completo estaba dedicada  al cuidado de sus hijos. Se levantaba con el lloro de Miguel y con los pequeños deditos de Raquel, que tocaban su cara, incluso más de una vez le metía  los dedos en el ojo. Los vestía y les daba su desayuno. Y entre cucharada y cucharada escuchaba las noticas que emitían por televisión. Su marido, cuando podía la ayudaba  pero más de una vez la falta de tiempo se lo impedía.
Amelie  apenas  veía a su marido. Los fines de semana se marchaba al extranjero por asuntos de negocios y se quedaba sola con los niños.
-Amelie ¿has pensado que quizás Lucas… tenga una amante?-preguntó su amiga Sofía atravesándola con la mirada.
-¿Lucas? Imposible- negó rotundamente. 

Susurros del tiempo

Amelie sabía que la presencia de su marido le producía rechazo. Había dejado de sentir la pasión de los primeros años. Recordaba con nostalgia los abrazos que estremecían su cuerpo,  los besos que suevamente depositaba en su frente, cara y  labios. Recordaba como su cuerpo temblaba con el contacto de sus manos y como su olfato se deleitaba con el perfume que desprendía su cuello, la hacía sentir desnuda delante de un vendaval. Lucas era consciente de que a su mujer le ocurría algo. La sentía distinta. Pensaba que la falta de ilusión de Amelie se veía producida por la rutina en la que estaba inmersa.
-Cariño, los niños todavía no se han levantado…-murmuró seductor.
Amelie apartó la sabana y se levantó. Su camisón dejo entrever sus suaves piernas. Su marido alargó la mano y acarició con delicadeza el interior de su muslo.
-¡No me toques!-grito enfurecida. Ella misma se sorprendió de su reacción y sintió miedo. Miró los ojos de Lucas y puedo ver tristeza, dolor y rabia. 

5/6/12

La vida les parecía demasiado corta para amarse.


Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino

Melisa solía tener escondidos sus sentimientos y emociones bajo su piel, sus sueños sin embargo, los escribía en hojas de colores y los pegaba en las paredes de su habitación,  sus miedos  los recogía en un tarro de cristal y cada año los tiraba al mar con el fin de perderlos y nunca más volverlos a experimentar, sus recuerdos los guardaba en el interior de sus pupilas y los secretos en su dentadura perfecta y blanca.
Melisa tenía un amigo especial. Andy. Con él hacía espontáneos y divertidos viajes a la Luna, recorrían las estrellas dejando tras ellos un rastro de purpurina, se columpiaban en los sueños acurrucados tras sus pestañas y resbalaban por las sonrisas brillantes del arcoíris. Sus insondables ojos negros mecían su alma y estremecían su corazón.
La encantaba sentir el frío de sus dedos en la piel, sus abrazos imprevistos que la rodeaban estrechándola contra su pecho y los besos que latían amor en sus labios, era un sabor endulzado con los “te quiero” que murmuraba a su oído.
Era difícil no darse cuenta de la magia que les salpicaba. Eran tan parecidos y a la vez tan diferentes. Caminaban con los pies sincronizados,  y con sus corazones adictos a la adrenalina que les producía su contacto, abrazados al amor. Eran inseparables, a todo lugar iban juntos, se necesitaban mutuamente, porque ambos se alimentaban del otro. Si Melisa no estaba, Andy entraba en un estado de ansiedad que acababa en muerte. Y si Andy desaparecía, Melisa se derretía hasta terminar en el mar. 
(Andy y Melisa, Melisa y Andy), pero lo más curioso y extraño de toda esta historia era el talento que poseían; podían adivinar cuando sus interlocutores querían engañarles, simulando verdad. Leían sus ojos adentrándose en el color de su iris, si veían que empezaba a brillar parpadeando luces rojas, sabían que sus palabras era mentirosas.  
Y así vivieron-concluí-descubriendo engaños, besando amor, y viajando aventura. Dos almas rebeldes que anhelaban eternidad porque la vida les parecía demasiado corta para amarse.
                                                                                  
                                                                                                 (Besos de un naufragio)

1/6/12

Infusión de manzanilla

Cuando se marcha Alejandra, me dedico a todo tipo de cautivadoras ocupaciones. Riego las plantas del balcón, empiezo con los geranios y termino con las orquídeas,  limpio mi casa, saco la basura,  friego los baños,  doy de comer a los canarios, me cocino el almuerzo- pasta italiana con cebolla, bacon, albahaca y orégano- para finalmente tumbarme en el sofá con las piernas encima de la mesa, y leer a Fyodor Dostoyevsky
Cuando acabo, me siento vieja y deprimida. La muerte no me da miedo, lo que verdaderamente me asusta es la espera, el suspenso que precede a la derrota. Batalla perdida, la vida sucumbe ante la muerte.
Me siento en la cocina y me preparo una infusión de manzanilla. Y me detengo a pensar en lo absurda que es la vida,  en la futilidad de la existencia, en la vacuidad del recuerdo, en el olvido, en la angustia existencial sin razón y sin motivo. La eternidad se nos escapa,  paso a paso transcurre el tiempo que nos acerca, cada vez más al fin.

Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino muerte olvido eternidad

Anoche nos dijeron que falleció Roberto el vecino del segundo, un hombre simpático, agradable y  de ojos azules. Su mujer le lloró hasta quedarse sin lágrimas. Nos contaron que murió atropellado por un camión de la basura. Nadie nos lo dijo, pero todos lo adivinamos. Estaba borracho. Este hombre, como toda persona tenía sus debilidades, y las suyas eran el juego y el alcohol.  Le echaremos de menos, dijimos todos. Y después nadie supo que más decir.
La muerte se lo ha llevado ¿a dónde? Quisiera pensar que la nada será su nuevo hogar. Pero la incertidumbre me carcome los huesos.  Me levanto, dejo la infusión en el fregadero, me acerco al balcón y cierro las ventanas.

27/5/12

Y supo que es mejor...


Salió de su casa corriendo, descalza, con el pelo alborotado agitándose como si fuera un junco anclado a la orilla del río. El aire sabía a menta y pequeñas lucecitas se entremezclaban en la lejanía del atardecer.
Se tumbó en la arena de la playa y dejó que el suave murmullo de las olas adormeciera sus pensamientos. El mar relajaba su alma, y la transmitía descanso. Necesitaba meditar y encontrar un camino entre tanta oscuridad.
Empezó a pensar, en aquellos ojos intensos, y en su sonrisa agujerada por aquellas palabras hirientes. La tranquilizó pensar que la perfección no existe, que las personas cometemos errores, dañamos con nuestras palabras, y con nuestras acciones, por ello se hace tan necesario crear un espacio, (un ambiente) donde poder equivocarnos, rectificar y madurar. 
Visualizó su mirada herida, su tristeza profunda y esa lágrima que asomaba tímida queriendo caer. Reflexionando llegó a la conclusión de que en toda relación se producen enfrentamientos, son fruto de la comunión entre dos personas. Si en un pensar hipotético no se produjeran conflictos, sería porque uno de los dos ha aplastado psicológicamente  a su pareja, y  no se siente con la libertad de opinar perdiendo su propia identidad, al ceder siempre paso al otro. Los conflictos si se resuelven de la forma adecuada pueden enriquecer la relación, y construir una mayor unidad. 
Se sentó en la arena y dibujó con su dedo índice, dos corazones naciendo el uno del otro, unidos como si fueran uno. Y al mirarlos entendió con claridad que la solución siempre había estado ahí. Sólo necesitaba un tiempo de maduración, para poder entenderla y aferrarla con todo su ser.
De este modo Elena se encontró con el deseo de querer seguir adelante, de continuar a pesar de los problemas y de las situaciones conflictivas.  Y supo que es mejor comerse el orgullo herido, y valorar más el nosotros que el yo.


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28/4/12

Por ella, por mí, por nosotros


La yuca o la salsa de maní tostado y molido, el plátano verde frito y en forma de chifles, los frijoles. El volcán Cotopaxi. Los Andes. La selva amazónica. Los guacamayos. Quito. El ceviche de pulpo. El café Venezuela. El parque Nacional Waraira Repano. Y el aroma floral del cacao.


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Magia, ensueño y Jessica. Ella era tez morena, risa cristalina, labios carnosos,  melena negra, ojos suavemente rasgados, oscuros, delicados. Y su boca sabía a chocolate. Su recuerdo me despertaba por las noches y me hacía estremecerme de placer. La amaba con toda mi alma, su personalidad enigmática, su corazón noble y puro habían embrujado mi corazón, devolviéndole a la vida. Ahora latía con fuerza, dispuesto a amar con devoción.

Su mirada inteligente despertaba en mi emociones dormidas. Jamás me habían hecho sentir tan amado. Soy científico, los sentimientos son algo que escapaban a mi comprensión del mundo matemáticamente cuadriculado. Provengo de una familia, en la que demostrar afecto verbal o físico era mal visto e incluso lo tildaban como falta de educación. Sin embargo Jessica, sutilmente había hecho una brecha en ese muro que rodeaba mis emociones, desbordando amor y cariño.  

Decidí quedarme. Por ella, por mí, por nosotros. La investigación que me había traído a Quito podía esperar unos meses más. 

3/4/12

Revolución

En Corea del Norte 3/abril/2012

Quiero gritar la verdad, pero una cárcel me lo impide. Censura. Quiero confesar quien eres tú, pero los alambres tienen presa mi garganta. Quiero sentir la libertad en mi prosa, pero las cadenas atrapan mis letras. Quiero nadar en el océano de la expresión libre, pero el miedo a la muerte quema mis deseos.Quiero vivir con leyes justas que protejan mi vida. Quiero vivir sin mentiras, sin torturas, sin dictadura. Quiero vivir con un gobierno que garantice mis derechos, mis libertades. Un gobierno elegido por el pueblo. Atrapada en la oscuridad de la opresión, mis manos teclean un grito mudo. Soy consciente de que son palabras, sólo palabras… pero  capaces de reflejar la expresión de un corazón que clama revolución.
La verdad sobre Corea pinche aquí
Testimonio de una joven cristiana norcoreana pinche aquí 


23/3/12

Juventud sin futuro.

Las sombras del ocaso se adentraban fugitivas por el hueco de la pared. Juan se asomó a mirar por la ventana que daba a la calle principal.

-Soy uno más, a los que esta crisis le ha robado la ilusión y las ganas de seguir soñando-dijo mientras sus ojos marrones le miraban intrépidos.

-Mira tío, deja ya de atormentarte. Cuando salgamos de la universidad, está mierda habrá acabado. Las cosas serán distintas. Habrá trabajo para todos, además tú te esfuerzas por sacar buenas notas. Te será fácil colocarte. No como a mí por ejemplo, que soy un vago. Pero, ¿sabes? a mi me importa lo que es nada, tío yo no me agobio, disfruto de la vida y busco nuevas experiencias. Quiero ser feliz-le dijo mientras se liaba un porro-La universidad no es el centro de mi vida. Los estudios los valoro, pero no hasta el punto de renunciar a mi vida social. Hago mil cosas a lo largo de la semana. Vivo con intensidad. No me amargo pensando en mi futuro. Soy como una hoja en manos del viento-y se empezó a reír.

-Realismo Alberto, realismo... una cosa no quita la otra, estoy convencido de que sé puede hacer  ambas cosas, estudiar y tener vida social, como dices tú. Nadie te dice que renuncies a tus amigos, y que te quedes en casa empollando, saqueando la nevera y engordando el culo. Y en cuento al futuro que le espera a la juventud en España, con decirte que hay  casi 5 millones de parados y que se sobrepasará esta cifra según los cálculos de la OCDE en los próximos dos años, creo que te lo digo todo. ¡Despierta! Somos una generación sin futuro-empezó a pasearse por la habitación retorciéndose las manos. 

-Tío relaja. Me estresas. Piensas demasiado... Anda Juan, listillo, que eres un listillo, ven, que te dejo que le des una calada- le intentó persuadir Alberto.

-No gracias. Aprecio tu generosidad. Me voy a dar una vuelta, está habitación está cargada- le contestó Juan siendo lo más mordaz que pudo y se fue dando un portazo. 

-Sin futuro, sin futuro-dijo Alberto envuelto en una nube de humo. Y lo volvió a repetir una y otra vez como si fuera un mantra.

17/3/12

violencia machista

La cólera invadía su alma. Era furia lo que fluía por su sangre. Despechado y afligido caminaba por calles oscuras y frías. Sus ojos inyectados en sangre, desorbitados por sus pensamientos, recorrían los edificios que le vieron crecer. Iba a buscarla.

Eran las diez de la noche cuando llamó al timbre. Le abrió la puerta. 
Nada más verle, María tuvo miedo y quiso cerrar, pero él rápidamente puso la mano empujando la puerta contra ella, y logró pasar.  
Al entrar la golpeó el rostro con rudeza y la hizo llorar de dolor. Le miró con los ojos mudos, y llenos de agua salda preguntándose si esta noche sería el fin de su vida.  Llovían puñetazos.
Sentía un dolor agudo en la sien. Se palpó la piel dolorida, mientras se deslizaba por el suelo intentando esquivar los golpes.  
De repente la agarró del cabello, arrastrando su cuerpo por la moqueta del salón, para después intentar ahogarla dejándola sin respiración.  María presa del pánico, clavó sus dientes en la mano que la apresaba el cuello, hasta hacerle sangrar. Mario la soltó, mientras gruñía palabras inteligibles. Y ella, aprovechando la oportunidad se levantó, queriendo huir hacía la puerta. Gritó socorro, pero nadie la oyó, puesto que un manotazo la hizo enmudecer. Mario cogió un cojín y empezó a asfixiarla y entre forcejeos la dejó inconsciente. Apartó el cojín y se detuvo a contemplar el rostro "amado" "Lo hago por tu bien, María. Has sido mala. Te has portado mal. No deberías haber llamado, el otro día a la policía" Acercó la cabeza y apoyó la oreja en el pecho de su mujer, buscando el latido de su corazón. "Estás viva" Fue a la cocina y cogió un cuchillo. 
Al volver al salón, encontró a su mujer retorciéndose  en la alfombra del salón. Rápidamente  le clavó el cuchillo en el cuello, después en el corazón y en los pulmones. Su boca en un rictus de dolor quiso decir algo, pero la sangre silenció sus labios. Sus ojos miraban despavoridos el cuchillo que la estaba robando la vida. Sus manos temblorosas tocaron su cuerpo y se pregunto por qué no moría.  
El cuchillo no era lo suficientemente grande, y las heridas no eran profundas. Volvió a sentir dolor y esta vez el cuchillo, llegó al corazón.                                 

14/2/12

El tono de un móvil.

Escucho de nuevo el caminar del metro, los pasos apresurados de las personas luchando por encontrar un lugar donde sentarse. Autómatas, robots de la vida. Yo los miro, comparando su rostro con el mío, en el reflejo del cristal, a veces nuestras miradas se entrecruzan, y ellos la apartan en seguida, como si mis ojos quemaran y fueran capaces de robarles la vida. Mi estación es la siguiente, mi alma se consume… y el miedo atenaza mis piernas impidiéndome el caminar. Se la respuesta del médico, se lo que me comunicará con rostro apenado. Empatía quiero suponer, porque mi dolor no es comparable a nada, tiempo de luto.
Las puertas del hospital me dan la bienvenida, camino, paso tras paso, escuchando el eco de mis zapatos por el largo pasillo.235. Abro la puerta y allí esta ella. Su mirada perdida en el vacío, la llamo no me oye, me acerco no me reconoce. Lloro. El médico me deja solo en mi dolor. Vuelve, pero ya se la respuesta, Alzheimer, susurro. El asiente, baja la mirada y se va. La miro, fijándome en el color de sus ojos, en su cuerpo que se degenerará con el tiempo, a parto rápidamente la mirada, siento que me arde la cabeza, de nuevo una atracción me hace aproximarme. La acaricio con suavidad el cabello.  Ella me observa, y sus ojos lloran. Aceptación, no será lo que fue, no volverá a ser lo que era, pero... Y de repente suena por el pasillo el tono de un móvil  “se acercaron las distancias, dejamos clara la intención de ser todo lo que somos, dos en uno, uno en dos”…     

(Esta historia la escribí el año pasado. La comparto hoy, un 14 de febrero del 2012 en nombre del Amor Verdadero y dedicada a todos los enamorados. Feliz día de San Valentín)

3/2/12

Les dijeron.

Susurros del tiempo
Ya no se lleva el ser príncipe o princesa de un cuento de hadas. Hace tiempo que esos términos están desfasados.  Ahora lo que se lleva es ser el dueño o la dueña de tu propio destino.  Los finales felices no existen. Lo que realmente existe es el conformismo que nace ante una situación que es imposible de cambiar. Aceptación que esconde una derrota.

Los adultos, son niños que juegan a ser mayores. En su afán de querer aparentar una madurez que roza el absurdo, se disfrazan con trajes de tweed y miradas oscuras y frías.

Sus ademanes se convierten en pausados y reflexivos, todo ello al son de un baile de máscaras.  Y como moscas que chocan una y otra vez con el mismo cristal, sufren afligidos la concatenación de hechos y  sucesos que torturan su alma. Cometen los mismos errores. Tropiezan, caen y muchos de ellos no se levantan. Pues perdieron sus fuerzas así como su ánimo y su motivación. Abusan de antidepresivos, y esconden la miseria de sus vidas a los ojos de los demás queriendo aparentar felicidad.

Se preguntan que les ha llevado a esa situación. Ellos  jamás  imaginaron tal desdicha. Tantos interrogantes que rozan la histeria. Caminos llenos de espinos y amargas rosas. Se percatan lucidamente que esos sueños de juventud  han encarcelado sus almas, sus sonrisas y su fe.  Nada es como ellos imaginaron en esas noches estrelladas.

Les dicen que desarrollen sus capacidades intelectuales por medio del estudio, que aprovechen sus dones y talentos y los pongan al servicio del sistema y de este modo serán más felices y prosperos. ¿Dónde está la felicidad y la prosperidad que les prometieron? Pasan los años y se encuentran con que tienen todo lo que desearon años atrás pero aún siguen siendo tan miserables como antes.
                                                 Vacío. 

22/1/12

Irina se llamaba...

Irina se llamaba.
Despierta. Y transparente  era el color de su amistad. Era ese fuego en su mirada y su valor lo que me hizo acercarme a ella.
Hay tantas cosas que  aún recuerdo sé que… la encantaba el café con leche, los libros llenos de misterios, aventuras y romance, le gustaba contemplar el brillo de las estrellas en las noches de verano, el aroma a jazmín  y el sabor a chocolate.  En las tardes de domingo solía tocarnos el piano. Y una de sus mayores adicciones era leer hasta bien entrada la madrugada.
Era bromista y espontánea. Divertida y tímida. Cuando íbamos al colegio solía llevar galletas de chocolate hechas por su tía la pastelera. Las compartía con nosotras  mientras sentadas hablamos de Jaime , el chico más guapo del colegio.
Todas la decíamos que Jaime estaba loco por ella,  que no dejaba de mirarla embobado en las clases  y que la observaba sin que ella se diera cuenta. Pero  Irina no lo creía.  Hasta que ocurrió lo que todas estábamos esperando. El suceso que marcó su vida... para siempre.
Ese día fue cuando recibió su primera carta de amor. Todavía  recuerdo el brillo en su mirada y sus mejillas arreboladas. No dejaba de sonreírnos y hablaba tan rápido que no entendíamos nada de lo que nos decía.
Pura decisión y espera. Jaime e Irina. Irina y Jaime. Tan jóvenes y especiales los dos.  Jaime era un poeta e Irina una artista llena de creatividad.  Me acuerdo de verlos tumbados a  los dos en la hierba en el Retiro jugando a imaginar. Otras veces se les veía manchados de pintura o con los dedos llenos de tinta negra. Sus “Cuadernos del Arte” como ellos los llamaban, estaban repletos de acuarelas, poesías y  fragmentos de historias incompletas. Los viernes salían con su guitarra al parque y tocaban  sus melodías, envolviéndonos con sus notas musicales.  Les aplaudíamos. Eran hechizantes. 

(El Cuaderno del Arte de Irina, Primavera)

Apasionados de la poesía y la música, vivieron su amistad  y su amor al completo.
Eran amigos y amantes. Pero  la distancia hizo que su pasión fuese menguando con el tiempo. Irina se marcho a Alicante mientras que Jaime se quedó en Madrid. Promesas de amor, ilusiones, sueños y miradas llenas de sonrisas. Sus corazones creían que su amor era más fuerte que la distancia.  Eran jóvenes con un espíritu lleno de fuerza.Y fueron cartas,  mails, llamadas telefónicas, y mensajes de texto. Facebook, Twitter y Tuenti . Se leían en sus blogs y constantemente mantuvieron la llama de ese amor que nació cuando apenas tenían 16 años.  
Yo Alicia, su mejor amiga, he vivido con ella sus sonrisas, sus lagrimas, sus sueños e ilusiones, sus historias, sus caídas y sus secretos. Y ahora a los 25 años puedo decir que tiene un destino marcado en el infinito junto a las estrellas del cielo.  
Irina se llamaba.