22/1/12

Irina se llamaba...

Irina se llamaba.
Despierta. Y transparente  era el color de su amistad. Era ese fuego en su mirada y su valor lo que me hizo acercarme a ella.
Hay tantas cosas que  aún recuerdo sé que… la encantaba el café con leche, los libros llenos de misterios, aventuras y romance, le gustaba contemplar el brillo de las estrellas en las noches de verano, el aroma a jazmín  y el sabor a chocolate.  En las tardes de domingo solía tocarnos el piano. Y una de sus mayores adicciones era leer hasta bien entrada la madrugada.
Era bromista y espontánea. Divertida y tímida. Cuando íbamos al colegio solía llevar galletas de chocolate hechas por su tía la pastelera. Las compartía con nosotras  mientras sentadas hablamos de Jaime , el chico más guapo del colegio.
Todas la decíamos que Jaime estaba loco por ella,  que no dejaba de mirarla embobado en las clases  y que la observaba sin que ella se diera cuenta. Pero  Irina no lo creía.  Hasta que ocurrió lo que todas estábamos esperando. El suceso que marcó su vida... para siempre.
Ese día fue cuando recibió su primera carta de amor. Todavía  recuerdo el brillo en su mirada y sus mejillas arreboladas. No dejaba de sonreírnos y hablaba tan rápido que no entendíamos nada de lo que nos decía.
Pura decisión y espera. Jaime e Irina. Irina y Jaime. Tan jóvenes y especiales los dos.  Jaime era un poeta e Irina una artista llena de creatividad.  Me acuerdo de verlos tumbados a  los dos en la hierba en el Retiro jugando a imaginar. Otras veces se les veía manchados de pintura o con los dedos llenos de tinta negra. Sus “Cuadernos del Arte” como ellos los llamaban, estaban repletos de acuarelas, poesías y  fragmentos de historias incompletas. Los viernes salían con su guitarra al parque y tocaban  sus melodías, envolviéndonos con sus notas musicales.  Les aplaudíamos. Eran hechizantes. 

(El Cuaderno del Arte de Irina, Primavera)

Apasionados de la poesía y la música, vivieron su amistad  y su amor al completo.
Eran amigos y amantes. Pero  la distancia hizo que su pasión fuese menguando con el tiempo. Irina se marcho a Alicante mientras que Jaime se quedó en Madrid. Promesas de amor, ilusiones, sueños y miradas llenas de sonrisas. Sus corazones creían que su amor era más fuerte que la distancia.  Eran jóvenes con un espíritu lleno de fuerza.Y fueron cartas,  mails, llamadas telefónicas, y mensajes de texto. Facebook, Twitter y Tuenti . Se leían en sus blogs y constantemente mantuvieron la llama de ese amor que nació cuando apenas tenían 16 años.  
Yo Alicia, su mejor amiga, he vivido con ella sus sonrisas, sus lagrimas, sus sueños e ilusiones, sus historias, sus caídas y sus secretos. Y ahora a los 25 años puedo decir que tiene un destino marcado en el infinito junto a las estrellas del cielo.  
Irina se llamaba.