10/8/12

Ella pertenecía al viento...


A simple vista parecía altiva y distante, sin embargo desconocían que aquella chica caminaba con una máscara de cristal, que la protegía de todo dolor, dotándola de esa frialdad y arrogancia características. Tras su máscara se sentía poderosa, segura y preparada para enfrentarse a las personas. No hablaba con nadie, siempre fría observaba con su mirada desafiante el movimiento que desprendía el vivir del ser humano. Con sus ojos color aguamarina veía como el mundo se consumía por el odio, la envidia y el dolor, como las guerras quemaban la alegría, borraban las sonrisas y enterraban bajo tierra los sueños, como el rencor se instalaba en los corazones de las personas, esclavas del vicio, llevadas por la inercia y la superficialidad de una sociedad materialista. Y de esta forma los recuerdos tristes rasgaban poco a poco su alma.

En ocasiones se veía tentada a salir a la calle sin su máscara, simplemente con su rostro al descubierto sintiendo en su piel el dolor y el odio del ser humano. Pero ella era demasiado frágil para soportar la realidad. Se veía con la necesidad de proteger su mente, sus emociones y sentimientos. La realidad era demasiado triste y desgarradora, ella prefería vivir con el olvido, ignorando el dolor y  las lágrimas. Cada atardecer salía a pasear entre las calles llenas de oscuras y trémulas sombras. Las luces de las farolas escondían su cuerpo abrazado a la soledad, mientras las corrientes de aire acariciaban su melena salpicada de reflejos dorados.

Y entre sonrisas rotas huía de un mundo lleno anorexia afectiva, un mundo donde aquel que menos sabe es el que grita, un mundo donde los niños ni se inmutan si ven violencia, un mundo donde la televisión te dice que consumas y el gobierno te incita a todo lo contrario, un mundo donde los precios suben y los salarios bajan, un mundo donde los abogados convertirán a un criminal en un santo.  

Ella pertenecía al viento, no tenía raíces en ninguna tierra, no tenía amigos a los que extrañar, ni un corazón al que amar. Vivía intentando salir indemne de un mundo que la asfixiaba cada vez con más fuerza.

Así era ella, fuerte bajo su máscara de cristal pero frágil como un débil murmullo.