7/11/13

...tenía alma en su voz

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
Ángela le miraba siempre con los ojos muy abiertos, empapándose de sus palabras. Sentada en primera fila, tomaba apuntes en su cuaderno de rallas, atrapando las palabras al vuelo, haciéndolas infinitas e inmortales. 
  
Hoy el profesor llegaba tarde. Ángela, sacó el libro que estaba leyendo, y se puso a esperarle, sabía que vendría. Nunca se ponía enfermo, tenía a sus 55 años una salud de hierro.

Al cabo de 15 minutos el profesor llegó, tenía unas gotitas de sudor en la frente, y suspirando se sentó en la silla. Su pelo engominado lucía sucio. Sin embargo, su aspecto era impecable.

El profesor empezó a leer con su voz profunda y grave. Uno a uno, los alumnos, empezaron a recrear el poema que estaba leyendo. Las palabras, traviesas, vistieron a los jóvenes con atuendos medievales. El cantar del Mio Cid, cobraba vida, respirando aventura, amor y muerte, sangrando lágrimas y risas. El profesor tenía alma en su voz, cuando leía el mundo entero se paraba a escucharlo. Su voz  era como el susurro de un sueño, como el murmullo de los deseos. Arrullaba las palabras insertando un corazón en cada letra.

Con los labios agrietados, y la garganta seca terminó el último capítulo. Cuando levantó la vista, se quedó conmovido.

-¿Qué pasa? ¿No os gustó el libro?-preguntó.
-No profesor, es qué lo hemos terminado. Hemos llegado al final de la historia, ya no habrá más Cid Campeador-dijo avergonzada al advertir  la intensidad de sus sentimientos.

El profesor, sonrío y giñó un ojo. En sus manos tenía un libro, un nuevo libro. Se levantó de la silla y escribió en la pizarra: La Celestina, Fernando de Rojas.

13/10/13

El Nuevo Mundo

10 de octubre de 1492

La soledad está por todas partes, mi querida Julieta, es como la humedad, se te pega a los huesos. Llevo meses en este inmenso océano. La Pinta está perdida en el mar. La tripulación se amotina contra Cristobal Colón. Creen que nos está llevando a una muerte segura, a una  muerte por inanición,  o quizás al suicidio. Ayer salve a Rodolfo Gutiérrez de las garras de la muerte. Le vi a un paso de saltar por la borda. Estaba desquiciado, tenía los ojos inyectados en sangre, su mirada despavorida me suplicaba ayuda, o eso entendí. Me apena Gutiérrez, es un impúber, un marinero de agua dulce.  No culpo a este joven de querer rendirse, de dejar de luchar, el malestar en la tripulación es generalizado. Los marineros creen que Cristobal Colón ha hecho mal los cálculos. Sospechan que en lugar de llegar a Asia, llegaremos al fin del mundo. ¿Por qué  la monarquía española le confío esta expedición a Cristobal Colón? Les embaucó con una sarta de mentiras.

11 de octubre 1492

Susurros del tiempo Ester Del Pozo MerinoMartín Alonso Pinzón es un buen capitán, sus dotes de mando están calmando a la tripulación. Les infunde ánimo, consuela sus corazones deprimidos, cómo haría una madre con sus hijos. Ay mi Julieta, ¡en qué momento se me ocurrió embarcarme en esta locura! Quizás sean mis sueños de gloria. Reconozco que me mortifica el morir y que mi nombre sea olvidado, adolezco del mismo pecado que Ulises en la Odisea de Homero. Siempre me gustaron las leyendas mi dulce amada, los poemas épicos de los juglares, las historias a medianoche, y está en particular me cautiva. Me identifico, quizás. Cristobal Colón nos juro que haríamos historia, nos prometió otra ruta a las Indias, y nosotros rudos marineros esculpidos en las tormentas del Mediterráneo le creímos. Con la bendición de los Reyes Católicos, ¿cómo íbamos a negarnos?

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¡Izad las velas! ¡Tierra a la vista!-aulló Rodrigo de Triana, un 12 de octubre de 1492.

6/9/13

los delirios de un corazón enamorado

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
A las cuatro y media de la mañana se despertó sobresaltada, y descubrió que estaba abrazando al mando a distancia. Se sintió triste y tardo unos segundos en identificar la causa. Edgar había salido con  Erika. Quizás en estos instantes estaban juntos bailando en medio de la discoteca a punto de darse un beso. Edgar. Erika. Juntos. Tendida boca arriba miró con nerviosismo el techo. De repente sintió el dolor de su primer desencanto amoroso y recordó que no necesitaba  un hombre que diera sentido a su vida.

Con su primer desamor descubrió que los hombres fingen estar locos por ti y en cuanto descubren que te han  sorbido el seso, te dejan.

-¿Para qué quiero un hombre? Si tengo helado y un millón de películas que ver cada noche.-

Odiaba a Edgar por haberla herido. Se había permitido el lujo de verse a través de sus ojos y apreciar la vista. Ahora que él había retirado su admiración  y la había enfocado en otra, se sintió vacía.

-Está claro que le gustan delgadas y rubias. Los hombres son como niños; nunca se sienten satisfechos con lo que tienen. Quizás no debí despreciarlo cuando me cortejaba con tanta insistencia. Pero pensé que sus sentimientos hacía  mí eran más grandes que su amor propio. Estaba equivocada. He tenido suerte de escapar de sus garras-


Su casa reluciente y ordenada de repente la encontró fría y demasiado limpia. Su frigorífico como de costumbre estaba vacío. Nunca tenía comida en casa. Rebuscó por el armario y encontró una lata de leche condesada y un paquete de té verde. Puso a hervir agua cerrando despacio la puerta de la cocina. 

5/8/13

bancarrota

1875
El Cairo, Egipto

En sus ojos grises, si te fijabas detenidamente, se podía observar un halo de tristeza, una suave sombra apenas perceptible. Y si te sumergías en su mirada buceando en la inmensidad de su pupila negra, encontrabas un hueco, un hueco profundo lleno de mariposas muertas enredadas en telarañas.

Si no fuera por la tristeza que unía su cuerpo a la vida, este hombre hubiera dejado de vivir mucho tiempo antes El jedive de Egipto se las había apañado para cargar a su gobierno con obligaciones externas por un valor superior a los cien millones de libras esterlinas. Era el único estado fuera de Europa que podía hacer alarde de semejante proeza.

-Señor, como sabes el precio de nuestros bonos ha caído de forma precipitada. ¿Cómo demonios vamos a pagar a nuestros acreedores?-preguntó una vez más mientras se sentaba frente al jedive.
-Sube los impuestos locales-ordenó este
-No podemos hacer eso, señor. Eso sería extorsionar demasiado al sufrido campesinado. Apenas pueden pagar los impuestos actuales-respondió el consejero.
-No tenemos otra alternativa. Egipto está en bancarrota. Aunque subamos los impuestos, necesitamos de forma inmediata otro préstamo para pagar nuestras deudas más antiguas. Estoy pensando incluso vender  las acciones del Canal de Suez por cinco millones de libras esterlinas. 
-Pero señor, ¡esa es apenas una fracción del precio original!-exclamó alterado.
-¡Lo sé! Pero no tengo otra alternativa. Europa nos ha envuelto en una red financiera tan inextricable que no tenemos más que dos alternativas, solicitamos nuevos préstamos para saldar nuestras deudas o suspendemos los pagos.
-¿Más préstamos? ¿Y cómo se supone que vamos a pagar los nuevos préstamos? ¿Con otros préstamos?-pregunto con sorna.

El jedive de Egipto le miro con una tristeza sangrienta, sabía que invertiría más dinero en devolver los intereses de esas deudas que en el propio desarrollo del país.  

-Tenemos que sacar adelante a Egipto. Y haré lo que haga falta para salvarlo. Mas impuestos, más préstamos, incluso vender las acciones del Canal de Suez.-
-Jedive, la fuga de tanto capital privará a Egipto de una fuente de ahorro interno fundamental para el crecimiento del país-explicó aterrado, al ver la cara de determinación del jedive.        
-Alí, ahora es más importante pagar las deudas que el desarrollo de Egipto- respondió con dureza el jedive.
-Pero el país se empobrecerá de tal forma que será casi imposible que este a la altura de Francia o Inglaterra… Si solicitamos más préstamos nos impondrán políticas económicas más restrictivas.-dijo con desesperación.

En la cara del jedive se dibujó una sonrisa maquiavélica.

-Haz lo que te ordenó Alí. Y deja actuar al tiempo.-dijo zanjando la discusión. 

5/7/13

...desgranando misterios

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo MerinoEva, caminaba por las ruinas de Machu Pichu, una ciudad llena de abismos, perdida en la profundidad de los Andes. El sol se filtraba entre las grietas de los muros, despertando Machu Pichu una vez más. Perdida por siglos, extraviada en las entrañas de los Andes, Machu Pichu maravilla del mundo, se levantaba imponente. Su historia escrita en las piedras que la forman, en las montañas que la esconden, se cuenta entre susurros. Sin embargo es una historia fragmentada, llena de misterios aún sin resolver. Eva se preguntó de nuevo, ¿por qué se construyó Machu Pichu? Unos dicen que la ciudadela incaica fue construida con un fin religioso, en este caso Machu Pichu, sería un gran mausoleo para el inca Pachacútec, un santuario para los muertos. Otros dicen que Machu Pichu fue un centro de administración Inca que buscaba ampliar las zonas de cultivo del Imperio Incaico. 

Rodeada por los cerros de la cadena montañosa del Vilcabamba y flaqueada por el río Urubamba, los constructores de esta ciudadela debieron emplear mucha fuerza e ingenio para levantar o arrastrar, gigantescos bloques de piedra para construirla pensaba Eva. Arqueóloga de profesión. Anhelaba descubrir la pieza que completara el puzzle.En sus ojos brillaba la luz del amanecer. Vestía unos shorts cortos, y una camiseta de manga corta de color blanco. Sus botas marrones estaban desgastadas por el uso. Se puso las gafas de sol y sonrío satisfecha. Machu Pichu se veía imponente a su alrededor. Los turistas madrugadores, se paraban a tomar fotos y a beber agua. El grupo de japoneses con el que había montado en tren, se separó de ella y se dirigieron ruidosos al interior de las ruinas. Su guía les empezó a explicar en un inglés sencillo la historia que escondían los muros. A su derecha, Marcos, saco su cámara réflex, puso una rodilla en la tierra, y enfocó las montañas que rodeaban la ciudadela tomando finalmente la foto.


-¡Qué impresionante!-exclamó Marcos mientras colocaba su cámara al cuello. Se levantó despacio acercándose a Eva. La cogió de la mano y besó sus nudillos. 
-Me encantaría retroceder unos cuantos siglos y vivir en la época de los incas, simplemente por experimentar, en mi propia carne lo que ellos vivieron-dijo Eva soñadora.

Se quedaron varios minutos observando hipnotizados el paisaje que veían ante sus ojos. Machu Pichu, había desplegado su magia, enamorando cada poro de su piel. La niebla estaba diluyéndose conforme avanzaba la mañana. Ahora se podía ver con mayor nitidez las montañas. Bajaron unos metros y se perdieron entre los turistas.

10/6/13

Buscaban oxígeno...

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino

Con el corazón apunto de salírsele del pecho, dio un paso al frente. El infinito debajo de sus pies. Nunca había estado ante tanta altura. Se veía todo tan pequeño, tan diminuto. Quería saltar, otros lo habían hecho antes que ella, personas valientes o quizás eran prisioneras de su locura. El sol le quemaba la piel. Por un instante cegó sus ojos y perdió el equilibrio tambaleándose con pies de plastilina. Una mano la agarró por el hombro.

-¿Qué coño haces?-preguntó nervioso.- ¿Vas a saltar?
Le miró con los ojos vidriosos. De repente el avión dio un giro inesperado y Ana cayó en el inmenso cielo azul.
-¡Oh…Dios!-chilló a un paso de desgarrar su garganta

No estaba preparada. En un intento desesperado, recordó las reglas que la habían enseñado días atrás, tiró de la anilla y lo abrió. Miró a los lados, sus compañeros se deslizaban por el cielo bajo sus inmensos paracaídas. Gritaban emocionados desafiando la gravedad. Respiro aliviada. Lo había conseguido. Había dejado en el avión la angustia que la impedía saltar. Dejó de escuchar a sus amigos. Solo oía el zumbido del aire en sus oídos. La adrenalina corría por su cuerpo, embriagándola el corazón. Se sentía eufórica. Viva.

Cuando llegó al suelo sus compañeros la abrazaron y rieron a carcajadas. Era una de las mejores experiencias que habían vivido hasta el momento. Fieles a sus promesas cada verano se embarcaban en actividades como esta. Buscaban experiencias que hicieran despertar su cuerpo dormido. Se desafiaban a sí mismos, rompiendo el silencio con sus gritos de euforia. Eran ellos…compañeros de aventuras.

25/5/13

Luchaba contra el olvido dibujando sus recuerdos en papel...

Hizo la maleta y esta vez, no volvió. 

Se alejó una noche de verano, la oscuridad abrazaba su cuerpo y las sombras de la noche escondían su rostro. Empezó a caminar rumbo a la estación de tren. Había comprado un billete de ida pero sin vuelta. La lluvia había empapado sus ropas y así con el cabello adherido a su cráneo subió al tren que la llevaría lejos de Madrid. Se sentó acurrucada en una esquina del vagón. El traqueteo la adormeció y la melancolía y la nostalgia empañaron su mirada, sin embargo de sus ojos no broto lágrima alguna.

Se escondió en una casa situada en lo alto de un acantilado. Por las noches dibujaba sus recuerdos en papel para que el olvido no se los llevara. Pintaba sus memorias con los colores del arcoíris, se sentaba cerca de la ventana y dejaba que las olas acariciaran sus memorias. Pero con el tiempo empezó a olvidar. Sus amigos y familiares se habían desvanecido de sus recuerdos. Sus historias se habían vuelto ceniza. No lograba recordar quién era ni de dónde venía. Su corazón empezó a sangrar olvido. Las páginas llenas de pinturas no provocaban en ella ninguna emoción ni sentimiento. Empezaban a perturbarla.“¿Quién soy? “

Una mañana se adentró en el mar con su cabello suelto lleno de briznas plateadas. Tenía los pies descalzos y en su mano su libro de Recuerdos. Dejó caer las hojas sueltas con sus primeros dibujos y las olas se los llevaron dejando un desfigurado rastro de colores, enojada, tiró el libro y por primera vez lloró. Su vida había desaparecido en el ayer. 

25/4/13

"All you need is love..."


Emma se puso sus mejores pantalones campana, unos denim azul claro, junto con una camisa de flores, apretada que resaltaba sus curvas. Se peinó su largo pelo rubio y se pinto de un rosa claro los labios. Estaba preciosa. Sus ojos azules cristal, reflejaban una sutil alegría. Abrió la puerta de su Mini Cooper se subió y empezó a conducir camino a la playa. Los Beatles sonaban en la radio. Emma movía la cabeza y cantaba medio gritando: Nowhere you can be that isn't where you're meant to be. It's easy. All you need is love. All you need is love. All you need is love, love.  Love is all you need.

Se sentía libre, por fin  habían acabado los exámenes y el verano había llegado unos días antes. Había pasado un año de mucho estrés, había adelgazado cuatro kilos en apenas unos meses. No estaba segura si era por los exámenes o por haber empezado a fumar marihuana.

Niki y Albert, sus mejores amigos, eran hippies, habían dejado los estudios y se habían ido a vivir juntos a un apartamento cerca de la playa. Ambos venían de familias adineradas, y con ideas muy conservadoras. Al vivir en un ambiente que les aprisionaba, encontraron en el movimiento hippie la liberación y la respuesta que buscaban al materialismo de una sociedad consumista y burguesa. Querían pertenecer a una cultura distinta, atrevida, radical y antibelicista. Escuchaban a Bob Dylan, a Elvis Presley y a los Beatles. Protegían el medio ambiente como podían, y se preocupaban por la guerra.  Tenían amigos que vivían en una comuna cerca de su apartamento,  quedaban por las tardes en la playa, consumían drogas alucinógenas y fumaban marihuana.




Cuando llegó, aparcó el coche en un parking cerca de la playa y empezó andar camino a la casa de sus amigos. Albert la vio a lo lejos y salió a recibirla. Tenía el pelo más largo que la última vez que le vió. Tenía en la barba una flor y del cuello le colgaba un medallón con el símbolo de la paz. Vestía una camisa grande de colores llamativos que dejaba entrever su pecho moreno, y unos pantalones amplios. Emma corrió a abrazarle. Albert olía a marihuana, sus dientes estaban amarillos y su cuerpo extremadamente delgado. Emma se preocupó. Temía por la vida de su amigo. Al acercarse al apartamento, vió a Niki tirada en un colchón con los ojos idos y una sonrisa estúpida en la cara.

-Está en la tierra de la felicidad-susurro Albert y la acarició el pelo mientras la observaba enamorado.

5/4/13

Tu Julieta...

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
Los mechones le caían rebeldes de su moño apresurado. Se mordía las uñas nerviosa mientras esperaba una llamada telefónica. Sus ojos repasaban una y otra vez la lista que había escrito en su diario minutos antes. Se sentía feliz. Por primera vez, había subido a hombros de gigantes y no pensaba bajar. Había tocado con la punta de los dedos, aquello que la gente entendida llama felicidad.  Acarició la tapa dura de su diario. Miró por la ventana del salón. Y sonrío, pareciera estar recordando aventuras pasadas... quizás estuviera saboreando su recuerdo en el paladar.


“Lista de cosas que me hacen feliz”

Hablar bajito por la noche cuando hablo por teléfono. El café a las cuatro cinco y media de la tarde. Leer a Ken Follet mientras tomo mi tostada con mantequilla y mermelada de melocotón. Galletas con pepitas de chocolate. Barcos de papel reciclado. Ojos sin lágrimas, sonrisas sin miedo. Copos de nieve. Sentimientos sinceros (amor, esperanza, fe, alegría, ¿locura?), dedos manchados de tinta, sinfonías de Mozart y Beethoven, el olor de los libros nuevos, gomas de borrar marca Milan, sillones desvencijados. Y Alicia en el País de las Maravillas.

Reír sin parar y que luego me duela la tripa. Correr de cara al viento hasta quedarme sin respiración. Gritar tonterías y luego escuchar como el eco las repite. Saltar en los charcos. Sentir la brisa marina en la piel. Tomar el sol en verano. Ver el amanecer en lo alto de un acantilado, escuchando como las olas rompen contra él. Papel de regalo. Besos de chocolate, y abrazos sabor vainilla. Contarte un cuento a las tres de la tarde. Tres osos de peluche, cuatro fotografías en blanco y negro y una a tu lado color vintage.


Georgina cogió un bolígrafo, mordisqueo un momento la tapadera, y empezó a escribir en una hoja nueva de su diario. Cuando terminó pegó una foto que había tomado con su cámara Canon. En esa foto se veía a Georgina con su tez llena de pecas, vestía unos jeans apretados color azul oscuro y una blusa holgada sin mangas. A su lado estaba un chico que la abrazaba. Ambos sonreían a la cámara, parecían estar riéndose de alguna broma. Era primavera. 



Y ella tu Julieta... 

13/3/13

Eterna en las palabras.


Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino palabras

Decía Emilie, que las buenas historias son eternas, porque... están escritas con un corazón de tinta. Yo le preguntaba qué quería decir,"corazón de tinta”. Y me contestaba con los ojos brillantes, que las personas que aman las palabras con sus letras, tienen un corazón de tinta. El  corazón de tinta es también el latido que vive en las historias, un palpitar que se vuelve inmortal al escribir. Cuando cuentas historias, permites que lo efímero se vuelva eterno.

La vida es como una flor, nace, se marchita y muere. Sin embargo cuando tú narras su proceso creativo, la vuelves eterna, porque aún si quererlo la grabas a fuego en la memoria, de las personas que te escuchan, que te leen. Las palabras son herramientas que permiten trasladar la vida a una dimensión donde el tiempo y el espacio no existen. Cuando escribes, eres creador. Tú juegas con la vida, con la muerte, con las sonrisas y las lágrimas. Tú eliges si será hoy o mañana. Tú coloreas los ojos, decides si son negros o grises.  Eres por un instante el piloto de los sueños de otro. 

A veces vives de tal forma la historia que tú misma te la crees. Mientras escribes sientes. Sientes el dolor y la angustia del personaje que estás creando, o simplemente proyectándolo sobre papel porque ese personaje ya existe. Cuando los ojos empiezan a escupir lágrimas, te das cuenta que la prolongación de tus dedos sobre el teclado ha dejado de existir porque la historia se ha vuelto real. Dejas de ser creador para ser espectador.

Emilie, me sonrío con la mirada. Sabía que en cada historia que había escrito, había proyectado parte de su corazón, de su alma quizás, la conocía demasiado bien, sabía que en su fuero interno deseaba ser eterna, y que mejor manera de serlo que en las palabras. Emilie siempre me decía que “mientras latas en los corazones de los demás, estarás viva”






Pasito a pasito... se acerca la primavera

13/2/13

sueños supervivientes


19 de abril de 1920

Su hermana siempre había sido la guapa, y ella la lista. Siempre había sido así. Todo el mundo lo sabía, no era ningún secreto. A Rebeca, le gustaba hablar de política, de ciencia, de historia, de derecho. A su hermana en cambio, esos temas le daban dolor de cabeza, e incluso la aburrían. Decía que eran temas de conversación para hombres. Ninguna mujer que se considerase una dama debía hablar de ello. Esos temas no eran femeninos. 

Rebeca, tenía 24 años y estaba soltera. Había tenido varios pretendientes, pero ninguno estaba a su altura y los había rechazado. Su hermana decía que ella los asustaba, hablando de política y de derecho. La aconsejaba diciendo que tenía que ser más discreta y no dejar entrever tan fácilmente que era una mujer culta y con opiniones firmes. A Rebeca la traía sin cuidado. Era transparente, no quería aparentar algo que no era. Era ella misma y en eso consistía su potente atracción. Tenía en mente pensamientos más profundos, soñaba con viajar y alejarse de su ciudad a la que consideraba demasiado provinciana. Había leído a cerca de países exóticos, con sus personajes extravagantes, con sus montañas y sus ríos. Ella presentía que su lugar no estaba en Valladolid. Quizás su hermana tuviera razón y ella era una chica extraña y con demasiados pájaros en la cabeza, a lo mejor los libros la habían arrugado las ideas, haciéndola ilusa y demasiado soñadora. Pero no podía evitar ser así. Ella era Rebeca, una joven con sueños, con ideales y metas.

Se detuvo en la estantería y abrió el libro “Memorias de un aventurero” deteniéndose en la página 66.

2/1/13

Alma errante


Susurros del tiempo
Y se sonó los mocos haciendo un ruido sonoro. Melisa le miro asombrada por la naturalidad con que lo hacía. De repente se metió un dedo dentro, hurgando en la fosa nasal derecha. Melisa empezó reír disimuladamente. A ella siempre le había dado vergüenza limpiarse la nariz en presencia de gente. Cuando se veía con la necesidad de hacerlo, lo hacía despacio, sin hacer ruido, con el fin de pasar desapercibida.

Melisa, le siguió observando mientras esperaba la llegada del tren, aquel hombre le había cautivado. Cuando sus miradas se cruzaron, Melisa le sonrió.
-¿Sabes? hace tiempo que no me sonríe nadie…-dijo el hombre mientras se sentaba junto a ella.
Melisa se dio cuenta de lo apuesto que era. Tenía una mirada gris penetrante, cejas oscuras y pelo negro azabache.
-Disculpa, no te he preguntado si puedo sentarme...a tu lado. Siento haber parecido descortés...-murmuro repentinamente abochornado.
-Oh no, descuida, no te preocupes…-dijo ella con sinceridad. 
Melisa, le miró a los ojos, intentando leer lo que escondían sus pupilas. 
-¿Te espera alguien?-preguntó curioso mientras jugaba con la hebilla de su mochila. 
-No, nadie. Vivo sola. Hace años que no me espera nadie. ¿Y a ti?-dijo Melisa apartándose un mechón pelirrojo que le caía por la cara.
-¿A mi? No...estoy divorciado...A veces, siento que la vida sin amor no tiene sentido, que no es nada. Desde hace dos años, me siento vacío. Desde que mi ex mujer me abandonó, y me pidió el divorcio entre lágrimas y gritos. Decía que nuestro amor, se había evaporado y que ya no me aguantaba ni un segundo más. Me espetó que tenía derecho a ser feliz. Creo que se dio cuenta de que yo no era un príncipe mitológico al estilo Disney, sino simplemente un ser humano común y corriente...- suspiró, desviando su mirada de la joven. 

El tren se acercaba cortando con su traqueteo el silencio que se había interpuesto entre ambos. Apenas llegó el tren se despidieron, Melisa subió al vagón dejando en la estación al hombre que había perturbado sus pensamientos en la última hora. Al cerrarse las puertas, sintió romperse algo dentro de ella. Era la esperanza de encontrar al amor de su vida. Había creído por un solo instante que aquel desconocido podía ser el hombre que volviera hacerla palpitar despertando en ella su corazón dormido. Era absurdo, ridículo,  pensaba. Su travieso y enamoradizo corazón había vuelto a convertir una ilusión en un quizás.  Al decir adiós aquel desconocido, despedía sin darse cuenta también al amor, estaba transformando su vida en una eterna soledad. 

Y lloro renuncia. Y lloro corazón