13/2/13

sueños supervivientes


19 de abril de 1920

Su hermana siempre había sido la guapa, y ella la lista. Siempre había sido así. Todo el mundo lo sabía, no era ningún secreto. A Rebeca, le gustaba hablar de política, de ciencia, de historia, de derecho. A su hermana en cambio, esos temas le daban dolor de cabeza, e incluso la aburrían. Decía que eran temas de conversación para hombres. Ninguna mujer que se considerase una dama debía hablar de ello. Esos temas no eran femeninos. 

Rebeca, tenía 24 años y estaba soltera. Había tenido varios pretendientes, pero ninguno estaba a su altura y los había rechazado. Su hermana decía que ella los asustaba, hablando de política y de derecho. La aconsejaba diciendo que tenía que ser más discreta y no dejar entrever tan fácilmente que era una mujer culta y con opiniones firmes. A Rebeca la traía sin cuidado. Era transparente, no quería aparentar algo que no era. Era ella misma y en eso consistía su potente atracción. Tenía en mente pensamientos más profundos, soñaba con viajar y alejarse de su ciudad a la que consideraba demasiado provinciana. Había leído a cerca de países exóticos, con sus personajes extravagantes, con sus montañas y sus ríos. Ella presentía que su lugar no estaba en Valladolid. Quizás su hermana tuviera razón y ella era una chica extraña y con demasiados pájaros en la cabeza, a lo mejor los libros la habían arrugado las ideas, haciéndola ilusa y demasiado soñadora. Pero no podía evitar ser así. Ella era Rebeca, una joven con sueños, con ideales y metas.

Se detuvo en la estantería y abrió el libro “Memorias de un aventurero” deteniéndose en la página 66.