25/5/13

Luchaba contra el olvido dibujando sus recuerdos en papel...

Hizo la maleta y esta vez, no volvió. 

Se alejó una noche de verano, la oscuridad abrazaba su cuerpo y las sombras de la noche escondían su rostro. Empezó a caminar rumbo a la estación de tren. Había comprado un billete de ida pero sin vuelta. La lluvia había empapado sus ropas y así con el cabello adherido a su cráneo subió al tren que la llevaría lejos de Madrid. Se sentó acurrucada en una esquina del vagón. El traqueteo la adormeció y la melancolía y la nostalgia empañaron su mirada, sin embargo de sus ojos no broto lágrima alguna.

Se escondió en una casa situada en lo alto de un acantilado. Por las noches dibujaba sus recuerdos en papel para que el olvido no se los llevara. Pintaba sus memorias con los colores del arcoíris, se sentaba cerca de la ventana y dejaba que las olas acariciaran sus memorias. Pero con el tiempo empezó a olvidar. Sus amigos y familiares se habían desvanecido de sus recuerdos. Sus historias se habían vuelto ceniza. No lograba recordar quién era ni de dónde venía. Su corazón empezó a sangrar olvido. Las páginas llenas de pinturas no provocaban en ella ninguna emoción ni sentimiento. Empezaban a perturbarla.“¿Quién soy? “

Una mañana se adentró en el mar con su cabello suelto lleno de briznas plateadas. Tenía los pies descalzos y en su mano su libro de Recuerdos. Dejó caer las hojas sueltas con sus primeros dibujos y las olas se los llevaron dejando un desfigurado rastro de colores, enojada, tiró el libro y por primera vez lloró. Su vida había desaparecido en el ayer.