6/9/13

los delirios de un corazón enamorado

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
A las cuatro y media de la mañana se despertó sobresaltada, y descubrió que estaba abrazando al mando a distancia. Se sintió triste y tardo unos segundos en identificar la causa. Edgar había salido con  Erika. Quizás en estos instantes estaban juntos bailando en medio de la discoteca a punto de darse un beso. Edgar. Erika. Juntos. Tendida boca arriba miró con nerviosismo el techo. De repente sintió el dolor de su primer desencanto amoroso y recordó que no necesitaba  un hombre que diera sentido a su vida.

Con su primer desamor descubrió que los hombres fingen estar locos por ti y en cuanto descubren que te han  sorbido el seso, te dejan.

-¿Para qué quiero un hombre? Si tengo helado y un millón de películas que ver cada noche.-

Odiaba a Edgar por haberla herido. Se había permitido el lujo de verse a través de sus ojos y apreciar la vista. Ahora que él había retirado su admiración  y la había enfocado en otra, se sintió vacía.

-Está claro que le gustan delgadas y rubias. Los hombres son como niños; nunca se sienten satisfechos con lo que tienen. Quizás no debí despreciarlo cuando me cortejaba con tanta insistencia. Pero pensé que sus sentimientos hacía  mí eran más grandes que su amor propio. Estaba equivocada. He tenido suerte de escapar de sus garras-


Su casa reluciente y ordenada de repente la encontró fría y demasiado limpia. Su frigorífico como de costumbre estaba vacío. Nunca tenía comida en casa. Rebuscó por el armario y encontró una lata de leche condesada y un paquete de té verde. Puso a hervir agua cerrando despacio la puerta de la cocina.