12/5/14

construyendo felicidad

Madrid. Lunes, 24 de mayo, 12:01
Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
Llegué tarde a mi cita con el dentista. Tuve que esperar 4 horas para que me atendiera. No había ningún hueco libre más temprano. Sentada en la sala de espera, maté el tiempo leyendo una revista tras otra. Lo más productivo que hice fue aprender a depilarme bien las cejas. Leí un artículo que explicaba al detalle como quitar los pelos internos. Cuando al fin puede entrar tenía los nervios a flor de piel. Me empastó una carie, salí con el moflete demasiado hinchado y con el labio entumecido. Que trato más impersonal, pensé. Llevo años acudiendo a este dentista y todavía me trata como si fuera una adolescente con la cara llena granos. 
Al cabo de unos segundos, recibo una llamada de mi hermana.
-Marta, que han ingresado a Ana en el hospital. Le han diagnosticado cáncer de mama.-
Ana. Ana. Ana. ¿Quién es Ana? Me suena el nombre. Estoy fingiendo. Claro que me acuerdo de Ana. ¡Ana! La amiga de mi hermana. Esa amiga que me dijo a los 16 años que tenía celulitis en la tripa, que hiciera un favor a la humanidad y que en lugar de ponerme bikini me pusiera un bañador para disimular. Nunca más volví a ponerme un bikini. 
-No. No puede ser. Vaya que mala suerte, la pobre con 27 años y con cáncer. Que dura es la vida.-dije pausadamente. Sabía lo unida que estaba mi hermana a su amiga y no quería pasar por insensible. Pero la verdad, es que pensaba que se lo merecía. Siempre fue muy cruel con sus comentarios sobre mi aspecto físico. 
No, Ana no me gustaba nada. Siempre tan arrogante. Su lenguaje corporal me decía que prefería estar vomitando en el baño el desayuno antes que conmigo. 
Todos sabemos que Ana tiene bulimia y anorexia. Marcos, Amanda, Eva, mi hermana Elsa. La hemos intentado ayudar varias veces pero ella no se deja. Es modelo, y justifica sus problemas alimenticios diciendo que ese mundo es muy competitivo y que tiene que ser la mejor. Y ese ser la mejor incluye, ser la más delgada de todas. Nunca entenderé a las modelos, con lo bueno que está un filete con patatas. Ana es tan alta y tan delgada que parece que la han estirado en el potro. Eso sí, es guapísima. Tiene piel de melocotón, ojos verdes y cabello rubio. Tan rubio que parece blanco. 
-¿Puedes ir a verla? dice que quiere hablar contigo- dijo mi hermana. 
-Esto... Vale-dije. Me arrepentí al momento. No sabía si sería capaz de aguantar sus comentarios insidiosos sobre lo horrible que está mi pelo o lo descuidadas que tengo las uñas. 

18:33, en el hospital.


Ana estaba tumbada, se la veía muy blanca. Mañana iban a empezar la quimioterapia y parecía asustada. Toda la  habitación estaba llena de plantas y flores, parecía una floristería. Apenas cabían en la habitación. Tuve que mover tres tiestos enormes para poder llegar a su cama. 

-Marta, ¿qué tal? tenía muchas ganas de verte. Estás mucho mejor que la última vez que te vi. Te encuentro distinta. ¿Has adelgazado?-preguntó Ana.
-Eh, no, pero tú sí. Estás muy, muy delgada-dije horrorizada. 
Ana me ignora, y sigue con su inspección. 
-¡Te has depilado las cejas! Pero que mal te las has depilado. Veo un calvo enorme en la izquierda. Te da un aspecto… bastante callejero. Tienes que ir a un estilista. No sabes hacerlo bien Marta-dijo Ana. Ella, siempre tan oportuna. Tenía la capacidad de bajarme a menos uno mi ya de por sí frágil autoestima. 
-Te he traído un regalo-dije mientras hacía una señal al repartidor. Menos mal que no la compré flores. Suspiré quedamente. 
Era un oso gigante. Había tenido que pagar una generosa propina para que se lo trajeran al hospital.
-¡Oh! Es precioso…¡me encanta! Marta pensé que me odiabas…Lo siento. Sé que soy horrible y que te he hecho mucho daño con mis comentarios. Tu hermana me lo ha contado todo-dijo con lágrimas en los ojos. Abrazó al peluche. 
Ana parecía una niña pequeña, de unos doce años. Se la veía tan vulnerable. Sentí mucha pena por ella.
-No te preocupes. Tú centrate en ponerte bien y salir de esta.- 
Se me escaparon las lágrimas. No pude más y lloré a su lado. Después de unos minutos terriblemente largos, la abrace. 

19:45, camino a casa. 
Agradable sensación. Al fin había conectado con Ana. 

18 comentarios:

Cristal_Azul dijo...

!Hola,Esteer!

Pienso que el rencor solo trae mas rencor,te deja un amargo sabor difícil de quitar.

Mira, una vez leí una historia que me fascino por el gran mensaje que transmitía,con tu permiso te la pongo.

Dos presos despues de 20 años en la carcel salen libres ,y cada uno coge su camino.

Al cabo de 5 años se vuelven a encontrar,se abrazan y se preguntan que tal les va todo.

El preso numero uno dice:

-¿Que es de tu vida,estas bien,pudiste olvidar todo lo que te hicieron los carceleros en aquella época?

El preso numero dos le responde:

-Estoy muy bien,he rehecho mi vida.Y hace tiempo que olvide aquella época y lo que me hicieron ellos.Ahora sigo adelante,viviendo e intentando ser feliz.¿Y tú,llegaste a olvidar todos esas humillaciones?

Preso numero uno:

Nunca he podido olvidarlas ni las olvidare jamas.

Preso numero dos:

Mi querido amigo,entonces,perdona que te diga,todavía sigues preso y en sus manos.

Perdona el tocho jajajaja.Me ha gustado mucho tu historia es muy tierna y enseña mucho.Muchos besitos esteer,buena semana.

Anaid Sobel dijo...

Querida Esteer, has reflejado tan bien una realidad tan cruda...
Hay que ver cómo es la realidad que en ocasiones nos acerca a quien jamás pensamos que nos acercaría.


Besos grises

genesis dijo...

Holaaa.
me ha gustado mucho.
hay que aprender a olvidar y perdonar, el pasado hay que pisarlo y aprender de el.
No es bueno el rencor como dijeron en los otros comentarios..
saludos

Agnes M. dijo...

Un post muy original, realmente original, no sé si ha pasado de verdad o te lo has inventado pero el mensaje, como han dicho, es muy real, muy bueno. Y el perdón gratifica mucho la mente.

Un beso grande, gracias por pasarte, espero que nos leamos pronto :)

Megan :) dijo...

Hola guapa :) realmente amo leerte, tiene esa manera de escribir tan magica, que traviesa como un flecha

Megan :) dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
TheWickedNightmare dijo...

Si es una historia me encantaria leer completa,me atrapo totalmente, que sentimiento,ese que piensas que nunca podrias sentir por esa clase de persona
Saludos!

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

CReo que si uno busca un texto que le hable de lo humano y de su conducta,este que escribes. Ah, manejas muy buen humor. Un abrazo. Carlos

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Me encanta el blog. Cuelgo mi hamaca acá. Carlos

BEATRIZ dijo...

Pues a mi también me alegra que hayan conectado tarde o temprano.

Y espero que que Ana salga bien de esa pesadilla.

Saludo Esteer y gracias.

M dijo...

Hay que saber perdonar y olvidar (aunque nos cueste).
Eres genial un besito

Fina Tizón dijo...

Somos tan, "pequeños" y a veces nos creemos tan grandes e invulnerables.
Me encanto esta historia, Ester,no se si real o ficticia, pero lo que si se es que engancha.
Con tu permiso me quedo por este rinconcito.
Abrazo
Fina

Anyi dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada. Desprendía mucho sentimiento.

un besooo

Forbidden dijo...

Como es que las situaciones que le ponen a las personas enfrente las puede cambiar.

besos

popcorn dijo...

Hoola preciosa, bonita entrada, muestra q solo hay q aprender a perdonar y olvidar, eso es lo mas bonito q hay.
Gracias por comentra en mo blog (www.minyfernandez.blogspot.com)
UUUN BEEEESAZOOO

Juanjo dijo...

Me siento identificado con Marta. No es cuestión de ser insensible, sino de ser honestos. Y aunque parezca muy cabrón, si las cosas no nacen dentro, ir a hacer el paripé es fingir. Como ir a un cementerio a pasar una noche que no arregla nada a alguien que ahora es lo mejor del mundo sólo porque ya no está. Todo el mundo merece una segunda oportunidad y la posibilidad de que sus errores sean perdonados, pero si Marta no hubiera ido a verla al hospital (y más con ese comentario con el que la recibió), yo no me hubiera extrañado ni la hubiera llamado insensible. Simplemente, se me hubiera venido a la mente el dicho de quien siembra vientos, recoge tempestades.

Que tengas un día lleno de cosas bonitas ^_^.

Maria Od dijo...

Tu relato es una acertada reflexión sobre la vida, creo que pasamos demasiado tiempo esclavos de sentimientos que no dejan nada bueno, cuando el amor se abre paso entre nosotros, y damos sin esperar nada, cuando perdonamos, cualquier cosa cambia para bien.

Esmeralda Rose dijo...

Hola, soy nueva por tu blog, pero me verás seguido. Muy crudo lo que has escrito, esta entrada me ha encantado y me ha hecho pensar.
Que tengas un bonito día, y si es de tu agrado puedes pasarte por mi blog. Muchos besos.