11/12/14

Tiritas para un corazón roto.

Susurros del tiempo

Aria apareció con los ojos llorosos y con el labio inferior temblándole. Espantó al chico de los ojos negros que se alejó rumbo a la cocina. 
-¿Estas bien?
-No-resopló ella.-Acabo de llamar a Juan. 
-¿Y?
-Lo único que dije fue “Hola, ¿Qué tal?”
-Te escucho. 
Aria estaba a un paso de ponerse a llorar a moco tendido. 
-Ni siquiera le pregunté por qué no me llamó ayer para quedar. Y así sin más, me dijo “¡Deja de acosarme, vive tu vida y lárgate! Lo que tuvimos ya pasó, zorra calientabraguetas”
S.O.S ¿Qué puedo decirla sin hacerla daño? ¿Qué diría mi abuela en esta situación? 
-Bueno, ya no cabe duda de que…-No está interesado, no, demasiado cruel.- No es el hombre adecuado para ti. Ahora ya de una vez por todas puedes pasar página y empezar un capítulo nuevo. 
-Pero ¿Y si ahora está pensando, Dios, he sido un poco dura con ella, y si se siente culpable y si siente pena?
-¿De verdad querrías a un hombre que siente pena por ti?
-Solo le quiero a él-berreó ella. 
Tenía que haberla estado vigilando, y haberla impedido llamar por teléfono. La doy un pañuelo que Aria exprimió al máximo. 
-Tienes que olvidarle-dije con todo el afecto y delicadeza que fui capaz.- Quizás debas alejarte totalmente de los hombres hasta que te hagas más fuerte y superes lo de Juan. 
Parece mentira. Aquí estoy yo hablando de “hacerse fuerte” cuando mi novio hace nada que me dejo.  
-Imposible. No estoy hecha para vivir sola. No sabes lo mal que lo he estado pasando desde que me dejo Juan. Necesito una cerveza. 
Aria se levantó tambaleándose hasta la mesa de las bebidas. Abrió una lata de cerveza y volvió a sentarse a mi lado. 
-Adela, sé que tu también lo has estado pasando, fatal, ¡vamos peor que yo!-dio un sorbo largo a la cerveza.- No tiene punto de comparación. Pero ay, cómo me duele. ¡Cómo me duele el puto corazón! 
Todo el mundo se quedó en silencio. Carmen nos lanzó otra mirada espía resistiendo a acercarse a nosotras.
-¡Vámonos Aria!  Si quieres puedes venir a pasar la noche en mi casa. 
Nos despedimos de Carmen con un movimiento de cabeza en plan actriz de Hollywood, y nos fuimos. 


                                                                                 ***

A las 5:30 de la mañana Aria se metió en mi cama porque no podía dormir. 
-¿Tu crees que de verdad no me quiere?-me preguntaba cada dos por tres. 
Yo medio dormida respondía:
-Sí.

Y Aria se ponía de nuevo a llorar.

8 comentarios:

Francis dijo...

Precioso relato, precioso blog y maravillosas entradas.. no puedo hacer otra cosa que seguirte por aquí... mereces la pena¡¡ un besazo¡¡¡

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Leyendo este cuento tuyo, que se aproxima a la realidad de ciertos amores, me hace acordar de una compañera del grupo teatro, que no quería concebir que su novio, ya no quería nada con ella, y decía "el no puede dejarme", "sin él no tengo vida"...y pasó el tiempo, y ya alejada de nuestro grupo de teatro, me la encontré un día, y le dije, al verla colgada del brazo de otro: "ves que si podías. YO te lo dije: el tiempo sutura las heridas". UN abrazo. Carlos

Alondra dijo...

¡Hola! estuve curioseando por tu ventana y me han gustado mucho tus escritos, son muy reales y manejas con soltura los diálogos, son creíbles, te identificas...
Gracias por seguirme, con tu permiso también me quedo.
Un saludo afectuoso

Lolita dijo...

Me encantan tus relatos, la verdad. Y no me canso de admirar el diseño de tu blog.
Feliz Navidad!
Un besazo <3

Natalia H. Fontijn dijo...

Me provoco llorar a moco tendido! Un placer leerte.
Abrazos

Tamara VN dijo...

Brindo por nuestra amistad y quiero que sepas que estoy muy feliz de tenerte entre mis amigos bloggeros.

Muchas gracias por un año más a mi lado.

Felices fiestas!

alp dijo...

Buen relato.... Espeto que pases unos días estupendos... Un beso desde Murcia....

Identidad Secreta dijo...

Muy lindo relato, buen año!