31/3/14

Recta del tradicional Libro cubierto de Caramelo, esta vez elaborado con risas esparcidas en el viento.


Ingredientes
500 gramos de besitos de purpurina
6 poesías de Gustavo Adolfo Bécquer
300 ml de atardeceres en la playa
200 ml de imaginación
1/2 página en blanco
Abrazos de lluvia
Para el caramelo
3 cucharaditas de risas esparcidas en el viento
150 gramos de música clásica
Néctar de luna llena

Elaboración de la receta
Pon los 150 gramos de música clásica en una sartén, agrega unas gotas de néctar de luna llena y tres cucharaditas de risas esparcidas en el viento y ponlo a calentar hasta conseguir un caramelo. El caramelo debe tener un aroma floral. Cuando empiece a tostarse, remuévelo con una cuchara. Viértelo sobre los moldes y espárcelo bien. 
Casca las poesías de Gustavo Adolofo Bécquer, y añada los 500 gramos de besitos de purpurina en un bol grande y bátelo con la batidora eléctrica de varillas. Agrega los atardeceres en la playa y los 200 ml de imaginación. Sigue batiendo hasta conseguir una textura fresca y homogénea. 
Reparte la mezcla en los moldes. Pon un poco de abrazos de lluvia en un recipiente apto para el horno coloca dentro los moldes y hornéalos al baño Creativo a 180ºC durante 20-25 minutos.
Saca los libros del horno, deja que se templen, y desmóldalos. Sirve y adórnalos con tu firma y sello en una página en blanco o con una dedicatoria al gusto. 
Consejo*: Para endulzar el entramado de la novela, deje reposar la crema durante 15 minutos una vez mezclada con los atardeceres en la playa y los 200 ml de imaginación.  

Información nutricional de la Receta.
                                                                                                                             
Es un recta sana y muy nutritiva recomendada para todos aquellos que sean adictos a la palabra escrita. 
Tiene el encanto de la magia creativa. Juega con tu personalidad y con tu estilo. Es una receta de fácil asimilación, por lo que es interesante para los escritores principiantes y jóvenes poetas. 
Se trata de una receta al que no añadimos nada artificioso de manera que no cambia el estilo propio del escritor o del poeta, sino que lo refuerza. Por medio de esta receta los libros creados se impregnan de imaginación en las estepas áridas de la mente humana, buscando que el joven escritor desarrolle su talento, y lo potencie de manera brillante, que exprima originalidad e individualismo. 

17/3/14

qué me queda...

Hace años que oigo voces. Están dentro de mi, en mi cabeza, no callan, no descansan. Me comen por dentro, me torturan y a veces me asfixian. He aprendido a convivir con ellas, las escucho y las ruego que por favor dejen de hablar. Anhelo el silencio más que nada en este mundo. Quiero sacarlas de mi cabeza. Arrancarlas de mi mente. Callarlas. 
Por las noches no duermen. Para ellas no existe el tiempo, ni el espacio, la noche ni el día. Están vivas, se alimentan de mi alma consumiendo mi espíritu. Son dueñas de mis silencios y amantes de mis horas. Se han apropiado de mis sueños. Han corrompido mi descanso. Han roto mi silencio. 
Son ellas y no yo, las que controlan mis recuerdos. Juegan con mis memorias, como si fueran piezas de un puzzle. Recomponen mi pasado, eliminan detalles y me impiden ser. A veces me hacen llorar, cuando me obligan a recordar el día que perdí a mi familia en un accidente de tren. Todos murieron, y yo sobreviví. Cuando me dijeron que era la única superviviente desee morir. ¿Para qué vivir? Entonces ellas vinieron. Las voces. 

Con los meses, descubrí que si escucho música ellas hablan más bajo. La música las calma, quizás las relaja o las ayuda a soñar. Un día se irán, cuando se cansen de mí, cuando hayan descompuesto mi vida en un montón de pedazos. 

8/3/14

pasar el resto de la vida a tu lado

Susurros del tiempo

Desperté sin aire. Dude varías veces pero al final te llamé para asegurarme de que estabas bien, porque soñé que morías. Eran las tres y media de la mañana. El teléfono comunicaba. Me dolía el corazón. Sentía tanta angustia que apenas podía respirar. Me faltaba el oxígeno y estaba temblando. Tenía miedo. Me repetí cuatrocientas veces que estabas bien, que sólo había sido una pesadilla. Te volví a llamar y finalmente oí tu voz ronca y somnolienta al otro lado del teléfono.   
-¿Alba? -preguntaste.
-¡Oh Dios! estás… vivo…-logré tartamudear-Era tan real, tan real-

Al fin pude respirar. No te enfadaste conmigo por despertarte. Me dijiste que leía demasiados libros y yo sonreí entre lágrimas. Te sentí cálido y cercano. Me tranquilizaste y me prometiste que nunca te irías, que siempre estarías a mi lado, pasase lo que pasase. Me estrechaste entre tus palabras, y yo te amé más que nunca. Sentía tu corazón latiendo junto al mío, en sintonía. No volvimos a dormir. Hablamos durante horas, sabiendo los dos que mis miedos no volverían a despertarme nunca más. Esa noche supe que me amabas tanto como yo te amaba a ti. 


(Besos de un naufragio)