16/9/14

cuando no tiene sentido.

Mateo tenía los pies torcidos. Sus huesos eran pequeños y su piel fina. A veces las venas se transparentaban en su piel dándole un aspecto fantasmagórico. Su cuerpo era frágil y quebradizo y su mirada era cálida y afectuosa.
Sin embargo a pesar de su simpatía y de su gran sonrisa en el colegio los niños no querían ser sus amigos. Le insultaban y se metían con él amenazándole con pegarle a la salida del colegio si se chivaba a sus padres o la profesora Rita. 
Levantarse por las mañanas se convirtió en un sufrimiento. Se asomaba por la puerta de la clase,  y entrecerrando los ojos observaba como los demás niños preparaban el campo de batalla. Y con sus costillas resistiendo las embestidas de su corazón corría antes de que las bolas de papel, las gomas de borrar y los lapiceros le golpearan en la cara y le hicieran llorar. A veces le ponían la zancadilla o enredaban la alfombra para que Mateo se cayera. Todas las semanas le encerraban dos veces en la baño y se burlaban de él al ver sus ojos hinchados por el llanto. 
Mateo no entendía porque sus compañeros de clase eran tan crueles con él, por qué le hacían daño y se rían cuando le hacían llorar.  
Mateo tenía miedo. Tenía miedo al dolor, a sus risas, a su desprecio. 
-Soy distinto. Nadie me quiere-y lloraba acariciándose los pies. 


3/9/14

... porque si algo no funcionaba simplemente lo tirabas a la basura.

A Cristal todas las cosas le salían bien. Conseguía aprobar los exámenes a pesar de no haber estudiado nada, o casi nada, comía todo lo que quería y no se notaba nada en su figura, estaba siempre espléndida, si llegaba tarde a casa sus padres no la regañaban. En el 2005 ganaron la lotería y se fueron a vivir a Madrid. Sus amigos decían que era una chica con suerte. Creció en un mundo dónde todo era fácil y perfecto, porque si algo no funcionaba simplemente lo tirabas a la basura. 
Los padres de Cristal eran el vivo ejemplo de esa regla. Su matrimonio estaba a un paso del divorcio. Lo que antes era amor y alegría, se había transformado en ira y resentimientos. Dejar los calzoncillos sucios en el suelo o la tapa del inodoro abierta, antes podía parecer gracioso, sin embargo ahora eran costumbres despreciables. 
-¿Papá a dónde vas?-preguntó Cristal con los ojos abiertos como platos.
-¡Me voy! No aguanto más a tu madre-dijo mientras metía tres corbatas en la maleta. 
-Papá no puedes irte.  ¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo?
José, el padre de Cristal, se sentó encima de la maleta y corrió la cremallera. 
-Papá mírame-suplicó ella cogiéndole de la mano. 
-Lo siento cariño, lo he intentado todo, pero con ella no funciona nada-dijo mirándola a los ojos.- Es terca como una mula. ¡Se queja por cualquier cosa! No puedo convivir con tu madre. 
José abrazó a su hija, la dio unos golpecitos en la espalda y añadió: 
-Todo va a salir bien, ya verás.
-¿Por qué eres tan mentiroso? -preguntó entre sollozos. - ¡Reconócelo! Me estás abandonando.
Cristal no pudo más y se echó a llorar. 
El padre de Cristal se fue dejando a una niña rota en mil pedazos. Su mundo perfecto había sido sacudido hasta los cimientos. Y ahora no tenía más remedio que enfrentar la realidad con otros ojos.