20/1/15

Anabel siempre ha tenido el corazón lleno de letras...


susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino sonrisasdearcoiris.blogspot. com
Anabel odiaba las números. A Anabel le gustaban las palabras y escribir poesías en cuadernos de papel reciclado. Por las tardes se sentaba en el jardín de su casa, dejaba que los rallos del sol acariciaran su piel morena y minutos después se ponía a escribir. Primero cerraba los ojos y se imaginaba que estaba escondida entre nubes de algodón de azúcar, respiraba hondo e inhalaba el aire que se escapaba entre sus risas. Después se concentraba en sus escritos y dejaba que las palabras fluyeran una detrás de otra. 

Anabel siempre ha vivido rodeada de libros. Los libros la alegraban cuando estaba triste y disipaban su aburrimiento mientras su padre trabajaba en la habitación contigua.  Cuando entrabas a su casa si eras despistado, tropezabas con las pilas de libros que se amontonaban en el pasillo. La habitación de Anabel consistía en una cama al lado de la ventana, un escritorio y estanterías repletas de novelas. En el primer cajón de su escritorio estaban los dos libros ilustrados con los que Anabel aprendió a leer-contaba con 4 años y medio y aún se percibía entre las páginas la huella de su diminuto y ambulante dedo índice- y en el fondo estaban los libros que había escrito Anabel. Eran una recopilación de poesías, imágenes y flores secas.  A las 10 de la noche después de ponerse el pijama y cepillarse el pelo, Anabel se metía entre las sábanas y leía hasta que se quedaba dormida. Su sueño era mágico y tempestuoso. En el habitaban duendes de azúcar, hadas con vestidos de hojas y purpurina en las alas, setas venosas, plumas de mirlo y príncipes montados en corceles blancos como la nieve. 

A veces Anabel daba paseos por el bosque que estaba detrás de su casa. Se metía entre los árboles hasta llegar a un riachuelo de aguas cristalinas. Se mojaba los pies en el agua, y hacía ramos de flores silvestres con los que después adornaba la mesa de su habitación. Los sábados su madre la obligaba a visitar a su vecina Gema, una niña un año más pequeña que Anabel. La madre de Anabel estaba preocupada porque su hija pasaba más tiempo entre hojas y tinta que en la propia realidad. Por eso la animaba a que saliera al aire libre y se relacionara con los niños de su edad. 

Cuando llegaba el invierno Anabel se sentaba en un sillón desgastado por los años, se tapaba con una manta hecha con los jirones de su colcha favorita y con un cuaderno y un lápiz en las manos escribía mientras escuchaba como el fuego chisporroteaba en la chimenea del salón.

11 comentarios:

AtHeNeA dijo...

Soy un poco Anabel, aunque reconozco quw no tengo quien me escriba y describa tan habilmente como ella, decirte que ya de entrada esa imagen... Me acutiva... Son dos de mis debilidades, los libros y .... Lennon ....
Pasaba más tiempo ... Entre hojas y tinta que en la propia realidad.... Quizá porque para algunos.. Hay muchas realidades... Tantas como historias.

Un abrazo de luz, y gracias por compartirlo y despertar sensaciones

Saudades8 dijo...

Rodeados de libros y de sueños llenamos un libro en blanco, es nuestra vida.

Un abrazo.

BEATRIZ dijo...

¿Y porqué en pasado? al parecer algo debe continuar...please!

Me parece una infancia y una habitación perfecta, completamente distinta a la mía.

Saludos, muchos.

Little Lena dijo...

Siempre me ha gustado tener una habitación repleta de libros. A veces esconderse tras un libro es mejor que salir a ver la realidad. Leyendo ejercitas la imaginación, una potente cualidad que muy pocos tienen. Para mi es una cualidad muy poderosa, porque con ella, la gente ve el mundo que le rodea con otros ojos, unas ojos mejores!

- sonríe eternamente -

Fina Tizón dijo...

Recuerdo maravillosos para la protagonista de tu relato. Ella, los libros y...la imaginación..,una perfecta trilogía.

Un abrazo, Ester

Claudia Green dijo...

Me gusta Anabel. Creo que todos los que nos gusta tanto la literatura podemos identificarnos con ella♥

¡Un besote!

Mari-Pi-R dijo...

No me parezco a Anabel, más bien la afición a la lectura la he cogido desde que estoy jubilada, pero he envidiado siempre a las personas como Anabel por su gusto a la lectura.
Muy bonito escrito, con un abrazo.

JLO dijo...

Me gusta eso de tener tantos libros por todos lados... y sin tanto orden...

a Cortázar de niño lo obligaban a salir de su pieza también y que socialice... pero no pudieron con él ja... salu2...

miquel zueras dijo...

Libros y un buen fuego... qué gran combinación.
Saludos de alguien que también detesta los números.Las divisiones con decimales fueron mi pesadilla en el colegio.
Borgo.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Ese encanto de tener una gata como Anabel, retozona...Un abrazo. Carlos

aryh884 aryh884 dijo...

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