7/3/15

Había descubierto que hacer infeliz a los demás era lo que le hacía feliz

Armando odiaba ver como la gente desprendía sonrisas, y alegría, detestaba su optimismo y la vitalidad con la que enfrentaban los días. Sin embargo, lo que no soportaba Armando, lo que odiaba de una forma visceral, eran los niños. Le daba igual la edad los odiaba a todos. 

Para él los niños eran mocosos llenos de bacterias, sucios y ruidosos. Incluso les tenía un poco de miedo. Pensaba que si uno de esos pequeños seres se le acercaba demasiado acabaría contagiándole alguna enfermedad extraña. No quería correr ese riesgo. Siempre les veía tan felices, corriendo de aquí para allá, con una sonrisa gigantesca en esa diminuta cara. No sabía por qué esa alegría tan esperpéntica, y esas risas tan ligeras. “En mi época los niños no éramos así”, pensaba. Lo sábados se sentaba en un banco en el parque de enfrente de su casa y les observaba comer arena y escarbar en el barro. A veces les veía montar en sus triciclos o jugar con sus cachivaches. Cuando algún niño se caía y se ponía a llorar, se reía maliciosamente. Valía la pena esperar sentado toda la mañana. 

Armando odiaba su trabajo casi tanto como odiaba a los niños. Le causaba angustia tener que sonreír todo el día, y fingir alegría delante de sus compañeros del trabajo. Lo único que le hacía feliz era ver a los niños caerse e ir corriendo con sus piernas regordetas a los brazos de su madre o si esa madre era de las que siempre estaban pendientes de sus hijos y de las que apenas les dejaban respirar, ir a cogerle y acunarle entre sus brazos. Cuando los niños pasaban cerca de él les ponía la zancadilla, o si el balón de fútbol caía a sus píes lo lanzaba tan lejos como podía. Le producía un placer inaudito fastidiarles el día. Causar aunque fuera un poco de sufrimiento en los demás, era lo que le daba sentido a su vida. 

10 comentarios:

Saudades8 dijo...

Demasiados Armandos, demasiados seres que por no haber aprendido a quererse nunca podrán querer al prójimo, muchos de ellos se mueven en el mundo del dinero pisoteando para amasarlo, otros en el mundo de la política acotando cada vez más el campo al pueblo, y otros, seres ruines y vacíos los encontramos a diario a nuestro alrededor.

Una sincera sonrisa y un abrazo.

RECOMENZAR dijo...

Gran escrito Es la sombra que todos llevamos en algunos momentos de nuestra vida.
Mil besos guapa

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Pareciera imposible, pero hay seres que viven en el amargo, y el de relato es un ejemplo. MI abrazo desde Colombia. Carlos

Mari-Pi-R dijo...

Armando no sabía disfrutar de lo bueno de la vida.
Me gusta mucho como escribes, un abrazo.

Francis dijo...

Será la amargura y el odio otra forma de amar... de dar sentido a la vida? No lo se, genial relato¡¡¡ nos leemos¡¡¡

DE-PROPOSITO dijo...

Deambulei por aqui.

E, desejo felicidades.

MANUEL

Susana Jiménez Palmera dijo...

Se odiaba a si mismo, y de él solo podía salir lo que tenía dentro. Un gusto leerte.

Borja F. Caamaño dijo...

Y qué lástima que esta ficción sea tan real...

Abrazotes.

Melanie Zaia dijo...

No debería ser así, pero pienso que muchos encontramos nuestra razón de existir en otros. Lamentablemente o para bien, a veces gracias a los demás le encontramos un significado a la vida.

Un beso!

Sarah Moreno dijo...

Me encanta como escribes.
Un beso y por aqui me quedoo!


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