26/4/15

Canciones de amor que suenan a ti.

  Escucha Give Me Love mientras lees este relato. 

Cogen el coche de Jake y viajan por las carreteras de España sin rumbo fijo. Sarah en el asiento de atrás se ve reflejada en el espejo retrovisor. Tiene los ojos tristes y los labios pintados de color rojo. A su lado tiene una maleta vieja cubierta de pegatinas. 
-Vayamos a un lugar lejos de aquí y no regresemos jamás, ¿ok?
Jake asiente levemente y sube el volumen de la radio. Sarah le mira y esboza una sonrisa, en la radio está sonando su canción favorita: “Give me Love”, de Ed Sheeran. Cuando llegó el estribillo empezó a gritar la canción, Jake le siguió, ambos se miraron y se lanzaron un beso en el aire.

My, my, 
My, my, oh give me love, my, my, my, my, oh give me love, My, my, my, my, 
Oh give me love, my, my, my, my, oh give me love, My, my, my, my, oh give 
Me love.

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
Estallaron a carcajadas. Los ojos de Sarah brillaron de emoción, sabía que Jake jamás la abandonaría, él no era como los demás hombres que había conocido. Él la quería con todo, con lo bueno, y lo no tan bueno. Jake cada día le daba gracias por existir. Sabía que lo que quería en esta vida era cuidar de Sarah y amarla hasta que la vida se la apagara. El lugar le daba igual, con tal de estar al lado de la mujer a la que amaba. 

Pararán en la siguiente estación de servicio, se amarán como si no hubiera mañana, cuando les entre el hambre comerán comida china y no regresarán a casa jamás porque Jake y Sarah se habían ido para no volver.

19/4/15

Has escrito tu nombre con tinta indeleble


Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino

Fuimos al centro comercial del pueblo. Al principio nos dio vergüenza entrar, éramos conscientes de la imagen que dábamos. Dos locas, con los ojos hinchados por lágrimas, con sombreros de paja y botas de montaña. No hacía falta un cartel que dijera: “tenemos el corazón roto, tratar con respeto”. Pero a pesar de nuestros prejuicios logramos entrar con la cabeza bien alta. A mi me hubiera dado igual esmerarme un poco más, ponerme un poco de carmín y haber elegido con mas tino un vestido floral y veraniego, pero por respeto al corazón roto de Aria decidí no hacerlo. Total, ¿qué mas daba? No volveríamos a ver a esta gente en la vida. Incluso acabé reconociendo que me gustaba ir así de hortera y llamar tanto la atención. La cara de desconcierto de la gente, sus risas contenidas, y los murmullos que hacían a nuestro paso, me hicieron sentir libre por primera vez en muchos años. 

Elegimos la saga del Señor de los Anillos. Fue idea de Aria. No quería ninguna película que tuviera escenas románticas y ñoñas. Claro, la entendía. No le apetecía ver imágenes que le recordaran a un amor que pudo haber sido suyo. Treinta minutos después salimos bastante satisfechas. Hacía una mañana espléndida, un sol enorme brillando en un cielo despejado. Una suave brisa corría alegre y juguetona. Me sentí feliz y optimista. Miré a Aria de reojo, se sujetó el sombrero con la mano que tenía libre y soltó una palabrota. Algo así como “joder qué puto aire”.  Dos señoras nos miraron con una cara de reproche y continuaron andando.
-¿Qué he dicho? -preguntó Aria.
-Tía que boca tienes. Has asustado a esas pobres viejas.
-Qué dices Adela. Son esas pintas que llevas lo que las han asustado. 
-¿Perdona? -dije parándome en mitad de la acera.
-Es broma tonta-me agarro del brazo invitándome a que la siguiera.-Olvídalo. 

Apretamos el paso. Por el camino nos encontramos con varios niños jugando en el calle, y con ancianos sentados en sillas de mimbre tomando el sol a la salida de sus puertas. La mayoría nos saludaba con movimientos leves de cabeza. La única que respondía a sus saludos era yo, Aria tenía la mente en otra parte. Cuando llegamos a la cuesta que precedía a nuestra casa, nos quedamos paralizadas.
-Ostras tía, cacho cuesta. No tenía ni idea de lo horrible que era. No creo que pueda hacerlo-dijo Aria con la mano en el corazón. 
-¿Cómo que no? Pero si estás hecha toda una deportista -repuse medio en broma empujándola por la espalda. 
Fue en vano, Aria no movió. En lugar de eso se sentó en el bordillo y estiró las piernas. 
-Tía. No me hagas esto. Si es que estamos al lado. 
-Espera a que descanse un rato. 
Me quedé mirándola y resoplé. Aria nunca fue una gran deportista. Aria era de las que se quedaban en el patio, animando a los chicos cuando jugaban al fútbol. En Educación Física, lo pasaba bastante mal, apenas lograba hacer dos abdominales seguidos. Sin embargo, nunca le hizo falta hacer ejercicio para mantenerse en buena forma. Aria tenia un cuerpo delgado y firme. Era voluptuosa sin rozar lo excesivo. En resumen, siempre ha sido la envidia de todas las chicas. Incluida yo. 
-Tía, como no te levantes. Te dejo aquí sola. 
Aria ni se inmuto. Así que cogí y me puse a subir. Cuando llevaba un metro andando, me paré y giré la cabeza. Aria estaba de píe mirándome, me sacó el dedo corazón.
-Gracias por abandonarme aquí. Gran amiga. -gritó con mucho énfasis en la palabra “gran” mientras me seguía. 

12/4/15

no sé que hacer con todo esto que siento

Me gusta saber que tú estas aquí, que nos queda tanto por vivir, y que se nos va a quedar el tiempo corto.  Me gusta saber que me amas, que te importo, que para ti soy importante. Me gusta saber que lo que tu sientes por mi casi no te deja respirar. Me gusta saber que ocupo cada espacio de tu corazón, y que es todo mío. Me gusta saber que sólo yo he derribado tus murallas, las mil y una murallas de tu corazón. 
Si es que me encanta tu forma de morderte las uñas, y de peinarte el pelo. La manera en que te  obsesionas con las cosas, y tu forma de ver la vida. Tus historias, tu optimismo, tu risa, y tus ganas de comerte el mundo. Me encantan los días en los que odias a la humanidad y lo único que quieres hacer es escuchar música encerrada en tu habitación. Me encanta cada centímetro de tu boca, los lunares de tu espalda, tus manos delicadas y finas. Me encanta abrazarte y sentirte junto a mi, olvidándonos del mundo, jugando a crear universos en la piel. Me encantan tus lágrimas esas que saben tanto a felicidad como a tristeza, tus ojos chinos cuando te ríes, o la forma en la que te muerdes el labio cuando estás nerviosa.

Me gustas entera, de la cabeza a los píes. ¡Joder! es que te amo y no sé que hacer con todo esto que siento.

susurros del tiempo

7/4/15

Giuliana lo que quería era existir...

Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino
Giuliana no quería entender que ella no era real, que solamente era la protagonista de la historia. Giuliana lo que quería era existir. No comprendía porque sólo sentía la lluvia en su piel cuando Lucía leía su historia. Ella quería sentirla cuantas veces quisiera. Giuliana no quería esperar hasta el final del capítulo VII para besar a Jake. Ella quería besarlo ahora. Giuliana quería construir castillos en el aire tumbada en la hierba al lado de su mejor amiga Estrella y jugar con la arena del mar en verano y beber zumo de naranja y gritar en la cima de una montaña y contar historias junto a una hoguera.  

Giuliana se negaba a aceptarlo. Para Giuliana, ella era tan real como la vida misma. Se sentía eterna, con corazón y alma, no se sentía un saco de palabras impresas en papel reciclado. Giuliana quería lo imposible. Su vida ya estaba escrita. Sus pensamientos, sus emociones, su personalidad, no eran fruto del destino, sino de la mente de una chica llamada “la autora”. Ella ya había diseñado su vida, su principio y su final. Había decidido que el color de su cabello fuera rojo y rizado, sus ojos violeta, y su personalidad salvaje y decidida. “La autora” quería que no tuviera miedo a nada. A Giuliana le gustaba Jake porque “la autora” así lo quería. No tenía más misterio.

De repente Giuliana sintió que se ahogaba,  su vida no tenía sentido. Era solo un personaje más de una novela, aunque fuera la protagonista, y lo peor de todo era que sólo existía cuando alguien se ponía a leer su historia. El resto del tiempo, estaba muerta. Giuliana sintió que las lágrimas rodaban por sus mejillas cuando Lucía cerró el libro. Giuliana estaba a punto de volver a morir. ¿Esto demostraba la humanidad de Giuliana o era también parte del capricho de “la autora”? Giuliana nunca lo sabría. ¿Por qué? Porque “la autora” así lo había dispuesto.