31/5/15

Mi satélite

Escucha You and Me mientras lees este relato. 


Flotando en medio de mi universo estás tú. 
Con tu piel hecha de estrellas brillando como si fueras un satélite. Sólo que no eres un satélite cualquiera eres mi satélite. Todo el día observándome con tus enormes ojos negros, todo el día dando vueltas y vueltas alrededor de mi cabeza. Eres como la Luna pero hecha de piel, huesos y arterias. 

Mi satélite Ester Del Pozo Merino

Dime por favor qué podría hacer sin ti. Sin tu corazón pegado al mío, sin tus sueños quemándome la piel. Me muero por sentirte y abrazarte en medio de la oscuridad de este túnel, y brillar contigo, con tu piel hecha de estrellas. 

22/5/15

Amor debajo de la escalera.


Susurros del tiempoCuando cumplí los 14 años tuve mi primera novia. Se llamaba Alejandra e iba a mi clase. No se me olvidará nunca la primera vez que la confesé que me gustaba y si quería salir conmigo. Cuando estaba cerca de ella mi corazón latía a toda prisa, me sudaban las manos y la lengua se me entrecortaba. Todavía recuerdo cómo nos dábamos la mano en el recreo, nuestro primer beso detrás del árbol, o nuestros nombres en las notitas que nos mandábamos debajo de la escalera. No dejaba de pensar en cuándo la volvería besar o abrazar, en lo bonita que era su sonrisa y en esos ojos castaños tan enormes que tenía. 

Mis compañeros de clase también se emparejaron pronto. Hubo un año en el que casi todos teníamos novia o novio, excepto unos pocos que no eran correspondidos y año tras año veían como sus ilusiones se rompían ante los “no” que les clavaban en el corazón. Ahora miro la vista atrás y me doy cuenta de que no era tan importante eso de tener novia, que la vida no sólo gira en torno al amor, y que hay otras cosas igual de apasionantes como pasear al lado de la chica a la que quieres. Sin embargo a esa edad, en esa búsqueda por intentar ser adulto y encontrase a uno mismo, el amor parece rodearlo todo. 

Víctor y Frank, incluso llegar a vestirse, hablar, peinarse y comportarse como Julio, el conquistador de la clase, ese que tanta fama tenía y tantos amores conseguía. No les puedo culpar, en el amor no hay reglas.

15/5/15

Crónicas de estar por casa*


Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino
Desde que tengo conciencia, mi hermana Jimena y yo estamos enfrentadas, porque para ella la vida es una batalla en la que se vence aniquilando al otro. No puede sentirse segura si no ha reducido el espacio vital de su adversario al mínimo necesario. Y la vez necesita de los demás para que reconozcan su fuerza. Por lo tanto, no sólo vive intentando destruirme por todos los medios posibles, sino que la encantaría que la dijera, mientras aplasta mi espalda con su codo que la quiero y que es la mejor hermana del universo. 

Lo peor de todo es que ha descubierto de alguna forma que lo que más odio en el mundo es el ruido y como mi habitación es contigua a la suya, se dedica a fastidiarme, haciendo ruido durante el día: chilla por teléfono, escucha la música a todo volumen, se cepilla el pelo cantando a grito pelado, da portazos y comenta todo lo que hace en voz alta hasta cosas tan apasionantes como lavarse los dientes o pintarse las uñas.  Mi hermana no comprende que el silencio es necesario para aquellos que no sólo viven centrados en el mundo exterior. No creo que pueda entenderlo porque su interior es tan caótico y ruidoso como la Gran Vía a las seis de la tarde. 

9/5/15

La ventana de su habitación.


Desde pequeño Pedrito había soñando con viajar. Recorrer los cinco continentes, visitar miles de museos, hacerse fotos en todos los monumentos del mundo, admirar la Torre Eiffel desde abajo, dar vueltas sobre sí mismo con los ojos cerrados, sintiendo en su piel el viento romántico de París. Se imaginaba en Nueva York subiendo en ascensor esos enormes edificios que le hacían cosquillas al cielo, y al llegar a lo alto, las manos pegadas en el cristal, sus ojos abiertos como platos, el vaho en el vidrio y el mundo pequeño. 

Pedrito soñaba con pasear en góndola al lado de una hermosa italiana de ojos negros, hacer surf en el océano Pacífico, y nadar entre delfines. Perderse entre las ruinas de Machu Pichu, hablar ocho idiomas, cantar baladas románticas a las doce de la noche mientras su hermosa italiana se reía hasta quedarse sin lágrimas. Jugar al escondite en Central Park, dar de comer a las gaviotas, volar en globo, hacer senderismo por las montañas de Adirondack, y construir castillos de arena en las playas de Puerto Rico con el sol tostándole la piel.  Pero despertó, y su italiana de ojos negros, y sus viajes alrededor del mundo, y el viento romántico de París, y las torres, y los castillos de arena, y las góndolas y las montañas de Adirondack desaparecieron por la ventana de su habitación.

2/5/15

Por favor, no me quites ese mar. No me lo quites.

Escucha Primavera mientras lees este relato. 

Susurros del tiempo. Ester Del Pozo Merino
Cómo describir esa sensación que me ahoga por dentro sin que me haga daño, cómo describir esa ansiedad que me descontrola cuando me sumerjo en la profundidad de tus ojos negros. No sé cuántas veces te lo he dicho pero me pierden tus ojos. Cuando los miro, me entra una paz en el pecho, un mar que se acurruca dentro de mi y me inunda por completo. Por favor, no me quites ese mar. No me lo quites. 

Cómo describir ese vacío que me llena por completo cuando tu no estás, como describir esa tristeza que llora por mi cuando los sentimientos me desbordan por dentro y no sé que hacer con ellos. A veces los vuelco en papel, e intento no sentirme tan loca. Recuerdo que tú siempre me decías que lo que te gustó de mi fue esa locura que siempre te hacía sonreír. No sé cuantas veces te lo he dicho pero me pierden tus palabras, tu capacidad de transformar la tristeza en sonrisas. Cuando te escucho, me entra una paz en el pecho, un mar que se acurruca dentro de mi y me inunda  por completo. Por favor, no me quites ese mar. No me lo quites. 

Cómo describir esa sensación de impotencia que me paraliza cuando pienso que a quién le importa lo que siento, joder, a quién le importa. A quién le importa mi vida, mis amigos, mi familia, a quién le importan mis sueños, mis vacíos. Y tú me mirabas con tus enormes ojos negros, me cogías de las manos y suavemente las apretabas, para después darme un abrazo y decirme que a ti sí te importaba. A ti sí.  No sé cuántas veces te lo he dicho pero me pierden tus abrazos. Cuando me abrazas, me entra una paz en el pecho, un mar que se acurruca dentro de mi y me inunda por completo. Por favor, no me quites ese mar. No me lo quites.