21/6/15

Cuando se tienen las ganas de un soñador

Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino
Música entre luces
Quiero creer que el mundo resurgirá de las cenizas, como el ave fénix, y la sangre de tanta gente inocente será vengada, que el sudor y las lágrimas, que levantarse del asiento y alzar el puño, son acciones que marcan la diferencia. Quiero creer que cada pequeña acción, cada sonrisa regalada, cada historia compartida, serán semillas que un día darán fruto. 

Escribir esto aquí no servirá de mucho. Nada de lo que yo haga va a servir de mucho, porque no tengo la fuerza suficiente, yo sola, como para cambiar nada. Pero no por eso voy a rendirme y dejar de intentarlo. Que importan la edad, la razón, el dinero, cuando se tienen las ganas de un soñador. No voy a dejarme seducir por la idea de que lo poco que haga será en vano, porque entonces sería dejarme morir. Y si algo sé de la vida, es que es una lucha constante contra la muerte. Hay que vivir luchando, porque sino luchas, sino tienes esperanza, sino tienes fe, habrás desaparecido del planeta antes de haber empezado a vivir. 

Nunca pierdas la esperanza de cambiar el mundo porque se puede. Te prometo que se puede. Y la mejor manera de empezar es por tu mundo y tu gente. 

14/6/15

Cómo se siente el amor de verdad


Susurros del tiempo Ester Del Pozo Merino
Lu me tenía cautivado. Le daba igual lo que los demás pensaran de ella, siempre iba con sus libros en la mano, con su pelo rojo despeinado y con sus vestidos de colores. A Lu le gustaba llamar la atención. Un día podía venir a clase con un sombrero de paja de ala ancha y al otro con una gorra de color rojo. De tanto observarla podía adivinar su estado de humor con tan solo ver la ropa que llevaba puesta ese día. Normalmente se sentía feliz si iba con colores llamativos y triste con colores negros o marrones. Le gustaba trenzarse el pelo, y hacerse moños apresurados. Los ojos de Lu eran morados, y de pestañas muy largas. Su boca era grande y con unos labios muy gruesos. Nunca se maquillaba. La verdad es que no lo necesitaba. Estaba siempre preciosa. 

Para mi Lu era mágica porque cada vez que me acercaba a ella mi ritmo cardíaco se aceleraba y si me saludaba a muy duras penas le respondía a su saludo. Siempre me hacía quedar como si fuera un tonto y eso a mi me encantaba. Lu tenía muchos pretendientes, chicos que besaban el suelo que ella pisaba. A veces les escuchaba hablar de ella en los baños de Educación Física y a mi me ponía enfermo. Pero que podía hacer si ella era así, mágica. Todo el mundo la quería, todo el mundo quería ser su amigo. Era Lu. 

Por Lu era capaz de cualquier cosa. Me acuerdo de que decía que por ella era capaz de contar la arena del mar. Por ella era capaz de bajar la Luna a la Tierra, o escribir poesías en las estrellas. Por ella era capaz de tantas cosas…sólo que ella nunca lo supo.  Ella nunca supo que su sola presencia me volvía loco, que hervía mi sangre y me hacía volar a "tres metros sobre el cielo". Y ahora me acuerdo de ese amor que inspiró miles de cartas, de poesías, de textos. Ese amor que me desveló por las noches durante años. Ese amor que desperdicié porque me faltó valentía. Y ahora me acuerdo de que ella era Lu, mi Lu. 

9/6/15

Ausencia

Ausencia Susurros del tiempoUna mañana Ana se levantó de la cama y descubrió que el mundo se había vuelto gris. No es el que día anterior no lo estuviese sino que hoy por primera vez había abierto los ojos. Y cuando se dio cuenta sintió que se ahogaba. Es fácil aislarse del mundo. Es fácil vivir en una burbuja de felicidad mientras evitamos a toda costa ver como el mundo se destruye. Es fácil acostumbrarse al dolor de los demás cuando lo que ves en la televisión día tras día, es violencia, muerte y destrucción. Es fácil sentirte afortunado cuando estás sentado cómodamente en el sofá de tu casa. Es fácil apagar la radio cuando lo que escuchas es una desgracia tras otra. Sí, es fácil. 

Ana se agarró al respaldo de la silla mientras contaba hasta tres. Uno, dos, tres. El aire entró por sus fosas nasales e hinchó sus pulmones. Inspiró e espiró varias veces. Y volvió a contar hasta tres. Uno, dos, tres. 

Esperó hasta que la información se perdió en algún lugar remoto de su cerebro. Y dejó de pensar y al dejar de pensar, el mundo recuperó todos sus colores.