7/9/15

Líneas paralelas.

Apuro mi taza de café con leche. Estaba segura de que hoy llegaría tarde a clase. Me miro al espejo antes de salir. Me pongo un poco más de colorete y me pinto de rojo los labios. Me echo perfume y cojo la cartera. Antes de entrar a clase, cierro los ojos intentando tranquilizarme. Solo son adolescentes de 14 años Ana. No te van a comer. Tienes que ser fuerte. Tú eres la profesora. Tú mandas. Cuando entro, todos me miran con los ojos muy abiertos. Distingo un par de sonrisas burlonas. Pedro y Marcos. Son los graciosillos de la clase. La semana pasada, consiguieron cerrar el aula durante veinte cuatro horas. Tiraron dos bombas fétidas. ¡Dios mío, qué olor! En un principio pensé que alguien había tenido un escape o estaba descompuesto. 

Susurros del tiempoLes saludo internando disimular el temblor de mi voz. No tienen que saber que les tengo miedo. Miro la silla antes de sentarme. Por precaución. Nunca sabes cuándo te tocara a ti. Les pido que abran el libro de Lengua Castellana y Literatura por la página 112 y pido a Belén que empiece a leer. Su voz suena clara y firme en los recovecos de mi mente. 

Tenía 7 años. La luz del sol se filtraba por la ventana. Estaba sentada en la cocina viendo como mi madre me preparaba el desayuno. Tostadas con mantequilla y mermelada de frambuesa. Me sonrió. Siempre tuvo los dientes muy blancos. Siento de nuevo como la calidez de su sonrisa me recorre la piel. Me estremecí. Hace semanas que nadie me sonríe.  Eché la culpa al trabajo. Ser profesora de Educación Secundaria tiene un precio. Belén sigue leyendo. Mi madre se sentó a mi lado. Ahora está cosiendo mi disfraz de Caperucita Roja. Caperucita Roja era mi cuento favorito. Me lo leía todas las noches antes de dormir. Su voz me recuerda a la de Belén. Clara y firme. Alguien suelta una carcajada y todos se echan a reír. Escucho frases aisladas. “¡Cómo ha sonado!”, “ha sido Lucas”. Tengo que poner orden. Debo mandarles callar. Belén tiene que seguir leyendo.