19/11/15

Es Diciembre en las calles


Cristal había soñado tantas veces con estrecharlo entre sus brazos bajo las luces de Navidad, que ahora cuando podía, no lo creía. A su lado caminaban las personas con la mirada perdida en el horizonte, con las mejillas y la nariz coloradas, y las manos enfundadas en guantes de lana. Cristal bajó la vista y se encontró con sus ojos color caramelo mirándola con determinación y con algo más que Cristal no pudo descifrar. Segundos después, sin apenas pensarlo, lanzó al aire las palabras que creía sepultadas en las páginas arrugadas de su viejo diario. Lucas la miraba sonriendo, divertido. Se fijó en como movía las manos de un lado para otro, como se mordía el labio intentado explicar esos sentimientos que le estrujaban el corazón. Y en ese mismo instante tuvo la certeza de que amaba a la mujer que tenía delante, que siempre la había amado, desde que la vio por primera vez leyendo en el parque. Lucas todavía se acordaba de su vestido verde claro y sus sandalias de dedo. Su cabello le caía en cascada por su espalda desnuda. Tenía las uñas de las manos pintadas de color negro y la de los pies de un color rojo intenso. Le gustó que se quitara las sandalias y sintiera con sus pies la suavidad de la hierba. Cristal era libros, y primavera. Sí, libros y primavera. Ninguna mujer le había impresionado tanto como ella. Profunda y densa como la vida, alegre como una sonrisa, como una carcajada espontánea. Se sorprendió así mismo cuando se sentó a su lado y le dijo su nombre. Así empezó todo y ahora tenía de nuevo en frente suyo esa sonrisa que le volvía loco, sus ojos chispeantes y esas manos que se morían por tocarle. 

Es Diciembre en las calles Susurros del tiempoDe repente, Cristal sintió como el frío erizaba su piel o quizás fueron los labios de Lucas que se movían en su boca con tanta ternura que pudo sentir la calidez que desprendían. Cristal quiso decir algo pero en su lugar le abrazó. Se quitó los guantes y palpó con la yema de los dedos la piel de su rostro. Besó sus ojos, su nariz, sus mejillas para terminar, finalmente, besando su boca. 

Ni la nieve que había empezado a caer, ni el viento que revolvía sus cabellos empapados pudieron separar sus cuerpos en aquellos momentos.
-Feliz Navidad, Cristal-murmuró en sus labios.
-Feliz Navidad, Lucas-intentó repetir ella. 

Y se rieron, felices, sabiendo que ese encuentro había sido su regalo mejor más preciado.