19/9/17

el puzzle de sus vidas



Carmen era una joven de veinticinco años que vivía con su hermana Eva en una casona en los suburbios de Lima. La casona tenía un jardín enorme repleto de flores tropicales y árboles con los troncos retorcidos. Las paredes eran de piedra y estaban cubiertas de enredaderas y de rosales en flor. Una verja elegante protegía sus perímetros e impedía que los curiosos se asomaran a las ventanas. 

El silencio era lo que más les gustaba, y la magia que recorría la casa era una fuente de inspiración para las hermanas. La casa estaba decorada con muebles de la época del virreinato, los suelos estaban cubiertos con alfombras largas y mullidas y los cuadros que adornaban las paredes escondían en sus lienzos los secretos de una familia que hasta entonces no sabían que tenían.   

Por las mañanas se sentaban a desayunar en frente del jardín. Cerraban los ojos y dejaban que el sol que entraba a raudales por la ventana despejara su mente y les infundiera los ánimos necesarios para enfrentar las mañanas en la capital. Cuando las nubes ocultaban sus rallos desayunaban en la enorme sala. Se sentaban cada una en un extremo de la mesa. Encendían dos candelabros que habían encontrado escondidos en la librería, se servían café con leche y entre sorbo y sorbo, Carmen leía el periódico y Eva sus novelas. 

Durante la primera semana se dedicaron a recorrer la casa, abrieron armarios, e inspeccionaron hasta los últimos recovecos de la casa. En una de las habitaciones habían tres baúles llenos de ropa antigua. Se probaron los vestidos riéndose a carcajadas mientras bailaron enfrente del espejo. Bautizaron la habitación con el nombre de “María Antonieta”. 

Carmen y Eva habían viajado a Perú en el verano del 2010, cuando recibieron una carta en las que las informaba que eran herederas de una pequeña fortuna en las Américas. Y sin pensarlo dos veces compraron dos billetes y se fueron a Perú con la promesa de que en Septiembre volverían a Madrid. 


Pero llegó Septiembre y no regresaron. La idea de volver se les hacía cada vez más lejana, como si fuera un sueño brumoso. Habían descubierto un pasado desconocido que jamás pensaron para ellas. Antes de regresar primero tenían que resolver pieza por pieza el puzzle de sus vidas. 


3 comentarios:

llorenç Gimenez dijo...

Hola Ester.. Curioso encuentro con el pasado y quizás un reencuentro con su propio yo, aveces sin pensar se abren las ventanas a una vida desconocida que nos subyuga y nos engancha para siempre..
Un abrazo, placer saludarte después del verano..

RECOMENZAR dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sophie dijo...

Me suena eso de resolver el puzzle de sus vidas jaja en eso estamos todos tal vez, muy buena la historia, quisiera leer mas