31/1/17

Dani y su soledad

Esta soy yo escribiéndome a mi misma. He vuelto a escribir porque he descubierto que escribiendo me siento menos sola y siento que soy. 
Soy Dani, una mujer latina que vive en una tierra que no es la suya. Dani, como el pintor que dibujaba siglos atrás barcos navegando hacia el infinito en mares refulgiendo con el sol. Pero no me parezco en nada al pintor, no me siento como él, de hecho nunca me ha gustado dibujar. Siento que soy en cambio, el mar, el barco y el sol. Me siento como el mar atizado por las olas contra sí  mismo y que vomita las lágrimas que guarda. Me siento también como el barco que flota en el infinito hasta que una tormenta lo rompe y lo hunde, poco a poco en el océano, y que con el transcurso de los días se vuelve morada de peces y algas. Siento que soy el sol que brilla y calienta la tierra hasta que la luna lo vence día tras día en una única batalla. 
Siento que soy una metáfora que expresa, un sueño que se quiebra al despertar. Soy todo lo que pintó Dani en sus lienzos trescientos años atrás.
¿Qué hago aquí, tan sola? Tú no tienes la respuesta. La respuesta no la tiene nadie. No está en la ventana, ni en la pared blanca de tu cuarto, ni debajo de la cama. No está en los libros de la biblioteca, ni en las páginas antiguas de tu diario porque la soledad en medio del mundo es un hecho tan cotidiano que nadie se ha puesto a profundizar en su significado. La soledad es no tener a nadie a quien amar y cuidar. La soledad es un castigo que te impide coger esa piedra que te encuentras en el camino. Te la impide porque piensas que se te clavará en la palma de la mano, que te hará tropezar y te lastimará las rodillas, así que no te arriesgas porque al fin y al cabo no te ayudará. 
La soledad acabará conmigo, y sé que no hay nada más triste que morir sin haber amado, pero moriré contenta, y me atrevo a escribir que con esperanza, porque sé que al menos habré sido.